domingo, 4 de junio de 2017

URIEL




Mayo 2017


Soy Uriel, Ángel de la Presencia y Arcángel de la Reversión. Bien amados Hijos del Único, estoy aquí de nuevo con vosotros en el seno de la Teofanía y de mi Blanco, con el fin de llevaros ahí donde estáis de toda eternidad. A través de mis palabras y a través de la vibración, juntos vamos a acoger la Verdad y a cantar el canto del Silencio, en vuestro templo y en vuestra morada, ahí donde permanezco y ahí donde permanece la totalidad de los mundos. Sois el mundo al ser la Vía, la Verdad y la Vida, y es a esto que me dirijo, en vuestro templo, en vuestra morada.

Así, la Eternidad se eleva y despliega su blancura en vuestra Presencia, en vuestra Humildad. Así, juntos, unidos por el corazón y liberados por el corazón, todos juntos aquí en esta tierra, cantamos el canto de la liberación, el del último vuelco y reversión, llevándoos a concientizar y a instalar vuestra eternidad aquí mismo, ahí donde estáis en este mundo. Entonces Amado del Uno, Amado del Único, despierta en ti el Juramento y la Promesa, dándote a ver y a vivir lo que siempre fuiste, y ya no lo que has creído ser en el seno de este mundo.

Bien amados Hijos del Único, te invito a unirte a ti ahí donde me encuentro, con el fin de descubrir la belleza de tu eternidad. Ya no solamente durante algunas ocasiones, ya no solamente cuando los velos se levantan, sino en el estado donde nada puede llegar a alterar tu blancura y tu belleza.

Oye, oye lo que te dice tu corazón, oye lo que te digo, oye lo que vibra en tu ser interior, ahí donde la Eternidad está presente, ahí donde la Eternidad jamás ha podido desaparecer, ni siquiera apartarse ante tu gloria y ante lo que eres. Entonces, Amado del Uno, escucha y oye el canto de la liberación que se despliega en tu ser en este mismo momento.

Ven conmigo ahí donde juntos, en la ronda del Amor, sólo el canto de la Libertad puede expresarse. Mira, mira y percibe la intensidad de tu verdad, la intensidad sin igual del Amor eterno, el que no admite ninguna restricción, ni ningún límite, ni ninguna desaparición.

Amado del Uno, elévate a tu corazón, ahí donde el Silencio reina, ahí donde la Belleza es entera, ahí donde el Amor y la Luz se conjugan en cualquier forma, en cualquier manifestación, como en cualquier esencia. Ahí donde cantan el Coro de los Ángeles y el Verbo del Espíritu, que te dan a vivir el Fuego de la consumación, de las ilusiones, del sufrimiento, y de lo que sólo pasa.

Entonces Amado del Uno, oye, oye la Verdad, oye la Vida cantar en el silencio de tu corazón. Déjate acercar, déjate revelar, sin temor y sin remordimiento, porque aquí se encuentra la única verdad que pone fin a cualquier sed, que pone fin a cualquier búsqueda. Te invito a ser lo que fuiste, lo que eres y lo que serás, más allá de este mundo, más allá de sus encierros y más allá de cualquier oscuridad.

Amado del Uno, recibe la bendición del Espíritu, la bendición del Espíritu Santo, la radiación Ultravioleta y el Juramento y la Promesa de la Fuente que se revela en este momento, en cualquier momento de tu efímero.

Acoge y recoge el regalo de la vida, el regalo de la Eternidad, el regalo que es para ti, y oye lo que te digo. Oye lo que dice tu Espíritu, no escuches los disparates de lo que sólo pasa y que no tiene ninguna sustancia en el corazón de tu eternidad, y que sólo representa, sean cuales sean las alegrías de este mundo, la ilusión que se pierde y es reemplazada por la realidad y la trascendencia de tu verdad.

Aquí, en este momento, aquí, en este lugar, en tu corazón como en cada corazón de la misma manera, y con la misma intensidad y la misma igualdad, se vive lo Único de la Unidad, se vive lo Único de la Vida, lo que te permite decir: “Soy la Vía, la Verdad y la Vida. Mi reino no es de este mundo, y sin embargo estoy presente de toda Eternidad en este mundo. Todo se ha cumplido. No tengo nada más que cumplir salvo estar aquí, presente y silencioso.” Sin depender de nada, sin depender de nada conocido, sin depender siquiera de lo que te es desconocido, porque es lo que eres en Verdad.

Y en verdad te lo digo, por el encuentro con la Fuente, se despliega en ti la majestad del Amor manifestado, naciendo más arriba, ahí donde te encuentras en la Morada de Paz Suprema, en la Morada de la Eternidad, ahí donde tu Presencia se une a la Ausencia, ahí donde se disuelve lo que no puede persistir, lo que no puede permanecer porque no es verdadero.

Y tú, tú en todo esto, tú en medio de todo esto, eres lo Verdadero y lo Único, que no depende de ninguna circunstancia, que no depende de ninguna forma ni de ninguna idea. Simplemente ahí, presente e inmóvil, en medio del Coro de los Ángeles que suena en tus oídos, elevando tu alma y consumiéndote de un Amor sin fin, el del Espíritu revelado, el del Espíritu de Verdad; el Espíritu y el Paráclito están ahí, en ti.

Tal vez Cristo ya ha tocado a tu puerta, se ha instalado y está emergiendo. Se está revelando y te trae la Fe y ya no la esperanza. La Fe de la Verdad, el fin de la Ilusión, el fin de cualquier sufrimiento. Entonces déjate encantar por la Verdad y por la Belleza. Déjate magnificar por la Presencia de lo que eres. Tú, Hijo Ardiente del Sol, Hijo de la Luz e Hijo de la Verdad, te invito.

Entonces contesta a lo que te es propuesto, a lo que te es ofrecido, dándote a ti mismo en cualquier ilusión pudiendo persistir, así encuentras la libertad del ser como la libertad del no ser, que no hace ninguna diferencia, con la misma intensidad y la misma potencia del Amor revelado en el Blanco de mi Presencia. Te invito, porque estás invitado al banquete, ya no del cielo y la tierra, sino que al banquete de la Ascensión, ahí donde todo sucede en la ligereza, ahí donde todo lo que es pesado desaparece y se apaga.

Te corresponde verlo, te corresponde responder, te corresponde decir “sí”. A ti, hablo desde tu corazón, hablo desde lo que eres, llamándote con Cristo y suplicándote de ser tú mismo. No hay ningún riesgo, porque ¿cómo es que lo que es eterno podría arriesgar algo, si no es ser la Belleza y la Verdad?

Entonces Amado del Uno, te invito a juntarte conmigo en el templo de la serenidad, en el templo de la Verdad. Estamos ahí, juntos, estamos ahí, tú y yo, en el espacio que no es un espacio, en el tiempo que no ha nacido todavía. Ahí se encuentra nuestra verdad, para saber y vivir que eres lo que soy, y que soy lo que eres, para hacer el milagro de una sola cosa, para hacer el milagro de la comunión perpetua y eterna, cantando el Amor, cantando la Vida, cantando la Presencia y cantando la Ausencia en el mismo verso, el que anuncia el ardor de la Luz, el ardor del Fuego de Amor que se despliega en este momento en la Tierra, como en tu cuerpo hecho de tierra, que no es tu cuerpo de Verdad sino tu cuerpo de paso.

Tu materia, mírala. Se eleva y se transforma en lo que es mucho más ligero, mucho más transparente y mucho más evidente.

Entonces juntémonos en el seno de la Evidencia, ahí donde no se pregunta nada, ahí donde no puede emerger ninguna duda, y donde la Fe se instala sola. Esta Fe no está dirigida hacia ningún futuro porque ahí donde te encuentras, están todos los tiempos posibles y todos los espacios posibles. En la Teofanía que vives ahora cada día, te invito a unirte a ti, te invito a ver, a oír y a escuchar el Juramento y la Promesa de la Fuente, preparándote y volviéndote permeable en totalidad para la acogida de nuestra Madre a todos, para la acogida de la que mora en tu Corazón.

Aquí, aquí y ahora, estamos en lo Verdadero, en el Éter de la Verdad. Escucha, oye y ve lo que sucede. Oye y siente lo que se vive en ti. Percibe la Vida Una. Percibe este torrente y este flujo de amor que nunca puede secarse, que nunca puede restringirse, que nunca puede limitar lo que eres.

Amado del Uno, te invito al recogimiento, te invito a la oración y a la acción de Gracia, te invito al perdón de todo lo que sólo pasa. Te invito a no ser parado por lo que pasa y muere, te invito a permanecer ahí donde justamente nada se detiene nunca, porque nada ha empezado nunca y nada acabará nunca. Ahí está tu base, ahí está tu devenir, ahí está tu Presencia.

Entonces juntos, comulgo con cada uno de ti, en el Blanco de tu Presencia. Tú, que estás ahí, únete a ti ahí donde me encuentro para extender tus brazos y tu corazón, reconociéndote como digno Hijo de la Fuente, como digno Hijo Ardiente del Sol que eres.

Cristo lo dijo a cada uno de vosotros: “Dejad que los niños vengan a mí.” Hoy, te llamo en la Vía de la Niñez, que no necesita ni justificarse, ni presumir de nada, sino simplemente de ser verdadero, de ser inmediato, y de ser espontáneo. No hay necesidad de condiciones, no hay ninguna regla previa, sólo hay esto. En esto, te es mostrada la llama del Espíritu. En esto, te vuelves el Impersonal, él que no está sujeto ni a este mundo, ni a una forma, ni a ninguna historia, porque eres al mismo tiempo la ausencia de historia y de todas las historias, trascendiendo así lo que es intemporal, lo que es la forma, lo que son las dimensiones.

Al encogerte por la humildad, descubres entonces que eres todo lo que es, todo lo que fue, todo lo que será. De cualquier forma o dimensión que sea, estás acogido con la misma sonrisa, con el mismo brillo, con la misma intensidad. No necesitas para esto moverte, sólo necesitas estar ahí, en silencio conmigo, asentado en tu corazón, con el fin de acoger y de recoger el néctar de la inmortalidad, con el fin de acoger y de recoger lo que eres.

Vive, porque eres la Vida, sé verdadero porque eres la Verdad. Y oye. Óyete como me oyes. Mira más allá de la forma, y percibe más allá de cualquier referencia y de cualquier adquisición. Percibe la libertad del Amor que te es ofrecido en abundancia, sin límite y sin contar.

Hijo del Único, estés donde estés aquí y ahora, mira. Mira dentro de ti. No te dejes abusar más, ni por tu forma, ni por ningún guión. La liberación se juega en estos momentos en tu tierra, entonces sé liberado de lo que te estorba, sé liberado de lo que crees, sé liberado de la atracción hacia la forma, sé liberado de todas las ataduras y de todos los apegos, con el fin de permanecer firme en la estabilidad de lo que eres.

Oye y ve la magnificencia que está ahí y que crece, y que no puede ser limitada, y que no puede ser restringida. Ve la Evidencia.

Entonces te digo, como te dijo la Fuente: “Mi amigo, mi amado, únete a mí para unirte a ti. Canta conmigo, y con el Coro de los Ángeles, el canto del Silencio. Permanece así, tranquilo, y ve crecer la Felicidad, y percibe lo que eres. No te limites más a ninguna forma. Sal de cualquier historia, con el fin de vivir todas las historias, sin hacer ninguna diferencia y sin estar afectado. Estás vivo, tú, el Alfa y la Omega, el primero y el último.”

Entre cada una de mis palabras y a través de cada palabra mía, la misma danza, el mismo Silencio, la misma Verdad, idénticos en cada uno, porque sólo hay una Verdad y es ésta. Todo lo demás, en el seno de tu mundo, sólo es sufrimiento. Incluso la alegría de tu mundo más exaltada y más poderosa, en definitiva sólo es sufrimiento, porque te aleja de lo que eres en Verdad. Permanece ahí donde no hay nada que buscar, ni nada que encontrar que ya no conozcas de toda eternidad.

Mi amigo, mi amado, abre las compuertas, abre las puertas. No retengas nada, no pares nada, no pienses en nada.

... Silencio...

Hijo del Único, estoy contigo a partir de ahora para la eternidad del final de los tiempos, actualizando lo que nunca tendrá fin y que nunca tuvo.

Déjame llevarte ahí donde te encuentras. Déjame llevarte ahí donde te ves y te oyes más allá de los males de este mundo, más allá de las formas de este mundo.

Mi amigo, mi amado, tú, el tres en Uno... no te muevas, no pienses. Túmbate en esta Fuente de Cristal, en esta Fuente de la juventud. Déjame amarte en la medida con la cual te amas, no en algún aspecto, no en tu forma, sino ahí donde te encuentras, más allá de toda forma.

Oye. Oye lo que te dice tu corazón en Silencio. Te dice lo que es verdadero, te dice lo que no puede pasar, te dice lo que eres.

... Silencio...

Ponte ahí donde Cristo, María y Mikäel se encuentran en equidistancia, cada uno emanando la Presencia y la Vida a las cuales respondes con tu Presencia y tu Vida. Entrégate a la Verdad, entrégate a la belleza del Amor. Esto sucede ahora. No olvides que los tiempos se han cumplido, y que no queda nada por descontar, sólo hay que remover lo que te impide ver la Verdad, sólo hay que atravesar. No te detengas en el camino, no te gires hacia atrás, sino que gírate dentro de ti.

Mira ahí donde no queda ningún peso, ahí donde no queda ninguna ilusión, ni ninguna atadura, y vive tu libertad. Vive, simplemente. Ahí donde te has asentado no existe ninguna carencia, ninguna oscuridad, ni ningún desafío que enfrentar.

Mira. ¿Qué más necesitas? ¿Qué piensas poder adquirir, encontrar o volver a encontrar que no esté ya ahí? Así que no te muevas.

Acoge y recoge el don de la Gracia, acoge y recoge el Amor que te es dado en la medida con la cual das. Así se vive la Verdad, que no depende ni de ti, ni de mí, porque está siempre presente, incondicional, inmediata y sin retraso.

Mi amigo, mi amado, desde hoy te acompaño en cada llamada que formules hacia mí, con el fin de comulgar en tu corazón, con el fin de que comulgues en mi corazón hasta la saciedad.

... Silencio...

Atrévete, atrévete por fin, no te limites en nada. No existe ningún freno ahora que pueda frenar la Verdad y su establecimiento.

Acuérdate, sólo tú, en el seno del efímero, hace pantalla con lo que eres. Así que no te dejes seducir más por esta pantalla, por las imágenes de estos mundos, como por tu imagen, que nunca serán la Verdad, que sólo son unos medios que limitan lo que eres.

Así que celebremos juntos, por la Teofanía y la Nueva Eucaristía, el milagro de la vida Una, el milagro del Amor.

No te dejes confundir por la pantalla de tu mundo, no te dejes desviar por lo que todavía puede atraerte en el seno de la Ilusión. Permanece en la eternidad, cada día y cada noche, vela y reza con el fin de estar y permanecer en la Verdad. Ahí está tu comunión perpetua, ahí está la radiación de lo que eres, ahí está tu Presencia inefable.

... Silencio...

No dudes, no busques. Sólo te basta reconocer la Evidencia que eres, y la Evidencia que está ahí. Y mira. No hay ninguna diferencia, no hay más distancia, a partir de ahora está la facilidad, a partir de ahora está la magnificencia de esta Verdad Una, de este instante único y que sin embargo se reproduce de instante en instante. Tú, el Único.

Así, estás invitado a vivir que todo es Uno. Así, estás invitado a asentarte en Él que entra en tu morada y que viene a estrecharte en su corazón, como el hijo pródigo que regresa a casa, rico en experiencias en el seno de la Ilusión que no le aportan nada más que la certeza de ser, en verdad, en el único sitio posible, es decir en el Amor.

Entonces acoge a cada hermano, a cada hermano y a cada hermana de la Tierra, pero no únicamente. Acoge a la totalidad del cosmos, a la totalidad de las fuerzas de la Luz autentica. Están en ti, sin excepción. Y esto es ahora, y esto es ahora mismo.

Así puedes dar las gracias, así puedes decir sí al Amor, así se despliega el tiempo de la alianza a la Libertad, el tiempo de la alianza al Amor, la alianza que no terminará para ti.

... Silencio...

Entonces, tal y como la Fuente te dice, te lo repito por ella y para ti, “Déjame amarte, déjame comulgar, y celebremos juntos la gloria de la Resurrección, poniendo fin a la ignominia del encierro donde sin embargo la Vida fue vivida, aunque limitada y amputada.” Este hilo de vida nunca pudo apagarse, porque la Vida está más allá de cualquier bien y de cualquier mal, porque la Vida debe permanecer libre de cualquier atadura y de cualquier condición. Mira.

Mientras el canto de la liberación, oído en tus oídos, instala el decorado de la llamada de María, mientras el fuego de tu corazón avisa de la llegada de Cristo a tu templo interior, mientras vibras durante la Teofanía, estás invitado a la Ligereza, la de la despreocupación del niño, como del anciano que sabe lo que es la vida más allá de su cuerpo y de su apariencia, porque ya ha entreabierto los velos del cielo que le ocultaban la Verdad. Hoy, no tienes nada más que ocultar, hoy, no tienes nada más que sopesar, hoy, no tienes nada más que elegir, hoy, no tienes ningún soporte para dudar.

Hoy es el tiempo del Amor, hoy es el tiempo de la Verdad.

Así que déjame depositar, por la Teofanía misma, el sentido de lo sagrado en tu resurrección en tu sacro. Déjame depositar en tu cabeza, la corona de rosas de tu libertad actualizada.

Entonces hoy, para ti, si lo ves y si lo aceptas, todo se ha cumplido, todo se ha revelado en la felicidad del Amor reencontrado. Hoy, y lo sabes, la Luz te llama al último paso. Sólo tú puedes hacerlo, sólo tú puedes vivirlo. No tengas miedo, no te aferres a nada, déjate atravesar. Déjate vivir en lo que eres, ahí donde no hay nada que decidir, ahí donde no hay nada que controlar, ahí donde no hay nada que evitar, ahí donde no hay nada que resolver, porque todo está resuelto, porque todo está preparado.

... Silencio...

Mi amigo, mi amado, escucha el canto de cristal de tu resurrección, escucha lo que te dice tu corazón, lo que canta ahora mismo, su presencia llena de majestad. No estás soñando, es lo que eres, así que no dudes en poner fin al sueño de este mundo. Revélate, te espero. El Amor te apremia, por su fuego devorador, a establecerte en el Blanco inmaculado.

Mi amigo, mi amado, eres digno y eres bello. Y mira cada hermano y cada hermana, porque él también es bello, él también es la Vía, la Verdad y la Vida, aunque todavía no lo sepa. Así que perdónale porque no sabe lo que hace. Sé tú mismo, porque siendo verdadero, eres el faro en la noche, cruzándote con cada hermano que duda, sin necesidad de palabras, ni necesidad de mirada. Entonces la Verdad se establece también en él. No has pedido nada, no has tenido ninguna acción, sino que simplemente os habéis reconocido más allá de la forma y más allá de las personas.

... Silencio...

Deja que florezca en tus labios la sonrisa de la niñez y de la inocencia, y vive en ti la nueva ligereza, la de la Eternidad, poniendo fin a cualquier pesadez y a cualquier peso. Deja morir lo que se aleja de ti, no busques retener nada. Así estás libre, girándote hacia el Amor sin rodeos y sin adornos, inútiles aquí. En esta desnudez, tú mismo te ofreces. Entonces se vive la Resurrección, entonces se revela lo que eres, sin esfuerzo y sin demanda.

... Silencio...

En tu nombre, reúno tu tres en tu Uno, porque tú también puedes decirlo y cantarlo: “Mi Padre y Yo somos Uno, para hacer el milagro de una sola cosa.” Deja que la quemadura del Amor que vive en ti, a través de este cuerpo de carne, consuma tus últimas reticencias y tus últimas interrogaciones, con alegría y con felicidad. Y acuérdate que esto es evidencia, aunque esto no nazca. No hay más distancia y no hay más diferencia entre tú y yo, entre cada uno de ti, y entre tú y Él.

Escucha, escucha lo que se vive en este instante, escucha…

Ahí donde estamos, tú y yo, en este instante, no puede haber ninguna definición, no puede haber ningún superlativo lo suficientemente poderoso, no hay otra posibilidad que de vivirlo en el Silencio, ahí donde desapareces de cualquier efímero, habiendo entendido y habiendo vivido que todo se ha cumplido en el seno de lo que pasa, en el seno de tu persona. Te lo repito, eres la Verdad, te lo repito, eres la Vida.

Mira y ve: ¿es que esta paz no es primordial y esencial ante el placer de tu vida en este mundo? No tienes nada más que esperar, ni de este mundo ni de tu efímero. Sólo tienes que asentarte en este lugar que nunca has dejado, sólo tienes que celebrar el tiempo del Amor. No tienes nada que emprender, no tienes ningún trabajo que proveer, sólo tienes que sonreír, sólo tienes que amar, sin esfuerzo y sin distinción, porque es tu naturaleza, más allá de cualquier apariencia.

Entonces bendigo, aquí y ahora, cada uno de los corazones ardientes. Entonces bendigo en este instante, todo lo que eres. Así se vive la celebración de tu resurrección, así puedes recibir el Manto Azul de la Gracia, y éste permanece para siempre sobre tus hombros y en tu corazón.

...Silencio...

Ámame con la misma intensidad con la cual eres amado. Caliéntate en mi corazón como me caliento en tu corazón, con el fin de olvidar las frialdades de este mundo, con el fin de trascender las falsas ataduras de este mundo que te ata a una historia, que te ata a la sociedad, que te ata a tus padres, a tus hijos, a tu lugar de vida. Sé libre. No dependas más de ninguna de tus posesiones, ni de ninguna de tus privaciones, esto no tiene razón de ser en lo que eres, no puede aparecer en lo que eres. Todo lo que no es verdadero, desaparece en lo que eres. Estate conmigo como estás contigo, y escucha en silencio, lo que te dice tu corazón en este instante.

...Silencio...

Ahora, en este instante, incluso las palabras, las mías como las tuyas, no tienen más utilidad, porque el Amor lo llena Todo.

...Silencio...

Estate colmado porque no mereces ninguna carencia, ni ningún sufrimiento. Hayas hecho lo que hayas hecho, perdónate, hayas padecido lo que hayas padecido, perdónale. Entonces la Gracia toma todo el sitio y todo el espacio, entonces la Paz es tu eternidad, entonces el Amor es tu Morada de Paz Suprema. Y déjame, por favor, bendecirte una vez más. Y dejémonos los unos y los otros, dejémonos vivir por la Gracia de la Teofanía, dejémonos vivir en la Paz de Cristo, dejémonos vivir bajo el Manto Azul de María.

...Silencio...

Entonces te doy mi corazón.

...Silencio...

Ha llegado ahora el momento de dejarte en tu Presencia, a solas, ya que eres Todo. Ha llegado ahora el momento de retirar todas mis palabras porque están selladas en la eternidad de tu Presencia.

Más allá de nuestra comunión, te bendigo y te doy las gracias.

Soy Uriel, Ángel de la Presencia y Arcángel de la Reversión, y te saludo en lo que eres. Toma tu tiempo para emerger de nuevo en este mundo, enriquecido con tu plenitud. Te digo hasta pronto, tú que eres la Vía, la Verdad y la Vida, sea cual sea el nombre o la historia que llevas aquí, en este mundo que pisan tus pies.

Uriel te saluda. Uriel te estrecha sobre su corazón, al igual que te invito en espíritu a estrechar a cada hermano y a cada hermana sobre tu corazón, aunque esté al otro extremo del planeta, aunque esté opuesto a la verdad del Amor, porque tú también debes de decirlo: “Padre, perdónalos, no saben quiénes son.”

Te digo hasta pronto, hasta siempre.

...Silencio...

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