sábado, 28 de febrero de 2015

URIEL 15 febrero 2015


URIEL
15 Febrero 2015

Soy URIEL, Arcángel de la Presencia y Arcángel de la Vuelta. En nuestras Presencias unidas y Uno, en este tiempo del Baile de La Tierra, cuando el Canto del Cielo y de La Tierra se le acerca, yo vengo para asistir a su Bautismo y su Vuelta en el seno de la Eternidad. Vengo, con el fin de asegurarme que su Alegría sea completada, que su estado sea magnificencia en el seno de este mundo como en el mundo que viene.

Niños del Uno, Niños de Luz, el tiempo del Eterno está en su puerta, la donde Cristo llama y viene anunciado por la divina Gracia de María. El Tiempo vino. Es por fin cuando debe volver a su Eternidad, a su Presencia infinita, así como a su totalidad.

Bien siendo amados por Uno, en este tiempo del Baile le invito a librarse de todo lo que sólo son atavíos, de todo lo que le recoge la piel y todo lo que le impide ser lo que usted es de verdad, en Cristo, porque se lo digo, usted mismo(a) va a verificar "Soy la Vía, la Verdad y la Vida". Porque en este tiempo que es el tiempo del Amor, sin calificarlo, sin objeto y sin sujeto, sin denominación, Amor, justo una palabra, el de la Verdad, el de su Presencia, el de la Luz blanca que vierto a sus pies y en sus Templos, en este instante, con el fin de acoger la marcha de vuestra Eternidad, su Silencio y su belleza.

En este tiempo de Amor, ya es hora de despojar lo que no se liga más, de estar en el seno de lo nuevo, de dejar lo que está caducado y enterrado, lo que no puede resurgir de ninguna manera. Usted son de todas las maneras posibles, los Niños del Uno, Niños de la Unidad. Unidad no es ni una palabra vana, ni una palabra que hay que analizar, sino una palabra que hay que expresar en el seno de la Libertad, en el seno de su Esencia, en el seno del Baile de La Tierra y del Cielo por fin reunidos en la misma estancia, la donde fluye el néctar de Vida, que es Alegría perpetua sin sombra ni defecto, sin lo que puede empañar o alterar la Verdad. Lo que puede llevarles allí de donde ustedes vinieron, lo que puede aportar allí donde ustedes vinieron, en este instante del tiempo. En este tiempo de Gracia, enuncio y anuncio la vuelta del Blanco, anuncio lo Último, por fin aquí y ahora, allí, en el Templo del Templo, en el centro del Centro, en la Nueva Trinidad, en el Fuego del Amor y el Amor, el que restaura la integridad y la totalidad.

Amados del Uno, el Uno les quiere porque ustedes son el Uno, en la misma Verdad, en el mismo Baile. Entonces el tiempo vino para celebrar la vuelta del Uno en el seno del Uno. Bien amados niños, bien queridas estrellas, la hora vino, no solamente de brillar  sino de aparecer en la Verdad desnuda de su Ser Esencial, en la Verdad desnuda de su Presencia y de su Canto primordial, el del arranque de la Vida, el de la Verdad de la Vida en el Amor.

Entonces, les digo a cada uno de vosotros, a los que esperan: ya esto está allí. No hay nada que esperar, no hay nada que temer. Hay solo que desaparecer en la Presencia Infinita, en el Amor Blanco, el que lleva a la Morada de la Paz Suprema, en los tiempos de la vuelta a la Eternidad, que le permite sentar la Alegría en lo más hondo de cada una de su fibras eternas, de su Triángulos sagrados y de su Fuegos sagrados.

Niños del Uno, después de haber descendido, aquí, a este mundo doble y dualitario, usted caminó, usted despertó, pero también usted sufrió. Este sufrimiento no tendrá más toma en el seno del Blanco, porque este es ausencia de sufrimiento y de miedo.

La Luz que impongo, la de mi Presencia, les es accesible a cada uno, en libertad total. Es de usted imponérselo o negárselo. Le ofrezco la Alegría de la Eternidad, preparo la vía a la Llamada final de María, la batalla final, la de la ilusión con la Verdad. La Verdad será siempre la única palabra de la Verdad y la única palabra del Amor. Este tiempo de febrero, allí dónde le es librada la canalización de este mes, correspondiente a la historia más verídica y más esencial de todas las historias de cada tiempo y de todos los espacios, hasta concerniendo a los tiempos y los espacios privados del tiempo y del espacio, allí dónde se encuentra el Sin Nombre, de donde todo viene y adonde todo vuelve. Este Absoluto que usted es cada uno, conjunto y separados, usted es de toda Eternidad.

Entonces, le propongo ser la Presencia que magnifica todas las Presencias, la Presencia donde ninguna sombra puede agazaparse y donde ninguna duda puede imponer otra cosa que lo que impongo en la Libertad absoluta y eterna de la Verdad, la de Amor y la de Cristo.

Mikaël, Cristo y María, la nueva Trinidad que baila en el Fuego de su pecho y que dibuja el Triángulo de la expresión de su divinidad, de su Triunidad, de la Verdad de los mundos, de la Verdad de las dimensiones pero también de la Verdad que engloba todo esto y la que es la Esencia de la Esencia, la que se encuentra a la vez en el centro del Centro y en la periferia de la periferia. De cabo a rabo, de un sentido al otro usted es esto, en todo tiempo y en todo espacio y más allá de todo tiempo y de todo espacio.

Niños del Uno, mi Luz depone ahora en su Templo consagrado después de ser depositada a sus pies con el fin de que usted use de eso, con el fin de que usted seque las lágrimas en vaciarse de este cuerpo o de esta conciencia encerrada.

Amados del Uno, estoy allí, como usted está allí, estamos totalmente alrededor de usted y en usted, bailamos la ronda del Silencio, bailamos el Canto, el del Sonido primordial el que jamás puede fallar en lo que es, el que jamás puede ser deformado o mal formado sino el que puede ser sólo Amor y la Verdad.

Niños de Uno, deposito sobre su Corona, la de allá arriba, de su cabeza, el Blanco de la Eternidad. Entonces en sus pies, en su corazón y en su cabeza, santifico su Presencia, la presencia de la Eternidad en el seno de esta belleza. Así ustedes son franqueados, si tal es su Verdad y si tal es su idea, de lo que ustedes son… entonces vívanlo. En Triunidad encontrada por la Nueva Eucaristía, en el nuevo Baile del Silencio y en el tiempo de esta estancia, se juega la más perfecta de las agendas de la Luz.

Así les vengo como ustedes nos vinieron, unos en el mismo Baile y en las mismas Bodas, en las mismas celebraciones y las mismas Gracias. Ustedes son invitados a unir lo que ha sido desunido, a dejar desaparecer lo que no tiene que ser.

Niños del Uno, como Arcángel de la Presencia estoy aquí para invitarles a la Vuelta, la que es mi papel, anunciando el Evangelio de la Libertad, poniendo fin al evangelio de Satanás y al evangelio de las ilusiones, poniendo fin a toda palabra que se vería alterada, reemplazando la palabra por el Verbo, acelerando así la 11va. Lámpara y consagrando en usted un Verbo claro cuya palabra es Luz y cuyo sonido es la Verdad. Así baila el corazón del que es liberado, así ustedes son franqueados, así ustedes son lo que ustedes son, por fin y para la Eternidad.

La Nueva Eucaristía le convida a celebrar lo que usted es, a cada soplo, a cada movimiento, a cada descanso, porque la Alegría es su Morada, porque la manifestación de su Alegría es el Amor eterno que corre de un fino hilo a la otra Vida, y que ninguna falsificación pudo retirar. Así, en este tiempo de la Esencia, así en este tiempo de Renacimiento, usted es invitado a depositar toda carga, usted es relevado de lo que usted podía considerar como error, falta o ilusión, que tienen sentido sólo en la verdad limitada pero que se hunden delante de la Verdad ilimitada del Amor.

Así por la bendición triple y por la Nueva Eucaristía, en su cabeza, en su corazón y en sus pies, así como en toda presencia amante y humana, y en la humildad de la Sencillez, entonces se revela la Joya de la Eternidad, la de esta Presencia Una en el seno de lo Absoluto, la misma desaparecida en el seno de la Ausencia, volviendo a la Presencia, celebre lo que está allí, lo que jamás será un aniversario más sino lo que será la última agenda de los Tiempos de la Ascensión, en este tiempo bendito por la Vuelta del Uno, en este tiempo bendito de vuestra Vuelta a la Esencia del Uno.

Bien amados Niños de la Verdad, sellemos juntos el tiempo de la Alegría, sellemos juntos el tiempo de la Verdad y sellemos juntos lo que somos.

Así, en este día, se abre el último tiempo, el que precede a la vuelta de la Estrella, visible en sus cielos más ante todo en sus ojos y en sus corazones, y en su Presencia aquí abajo, como es arriba. Los tiempos son reunidos para abolir, el espacio se reúne con el fin de desaparecer, dejando a la majestad del Amor tomar sitio en el seno de la Eternidad, colmar toda debilidad aparente como existente. Así por mi Presencia que usted llama, por mi bendición impuesta en este mundo, por el Blanco brillante de la Verdad, que la Paz sea su Morada, que el Amor sea su única Verdad manifestada, y no manifestada.

Aquí, allí, donde vengo, vengo para terminar el ciclo empezado por el Arcángel Mikaël al tiempo de las Bodas Celestes; vengo pues para anunciar, antes de que resuenen las Trompetas del Cielo y el Sonido de la Tierra en sus entrañas, en su corazón y en esta Tierra, el tiempo de la Última Llamada a la Verdad, a la Sencillez y a la Bondad.

Quiéranse unos y otros, unos hacia otros, sin juicio, únicamente por la Gracia del Amor, por la celebración del Amor, porque cada cosa definitivamente está colocada en su sitio justo con el fin de jugar la sinfonía del fin de la escena de teatro, en la apoteosis de la Luz cuyos anuncios servirán de apoyo y de revelación. Así, en cada uno de vosotros, ninguno podrá ignorar la Verdad y el Amor. Verá más allá de la apariencia y del parecer de todo hacer, en el Silencio de la plenitud del Cristo presente en su corazón. Protegiendo en el seno de Triunidad de la Nueva Eucaristía, lo Nuevo que es por fin allí, esto Nuevo que jamás conoció aquí y jamás conocerá de fin, porque ha sido retirado de usted y sin embargo, volvió. Ha llegado el tiempo de la Verdad, el tiempo de la Alegría, el tiempo de la Verdad en cada uno, en cada tierra de esta Tierra, en cada alma de esta Tierra, en cada idea de esta Tierra, desnudando lo que sólo había sido agazapado al fondo final de la oscuridad aún no alumbrada, en usted como en cualquier otra parte, en cada uno de vosotros, como en cada tierra y en cada lugar.

Según donde ustedes están conmigo, o donde ustedes todavía no me reconocieron, ustedes estarán colocados a exacto sitio de su elección, la elección de la Verdad que se opondrá o se confirmará con la Verdad y El amor, la que no conoce de alguien, ni situación, ni tiempo, ni espacio.

Así se vivirá lo que fue llamado la catalepsia, el proceso de juicio y de pesada de usted mismo(a) por usted mismo(a), de postura en adecuación con la Alegría Eterna, con el fin de volver allá y de ser en más Vida, la más Justa, la más ligera.

Niños de Uno, Niños de la Verdad, ya viene el tiempo de la infancia, el tiempo de la inocencia, el tiempo de la bondad y de la belleza, donde nada más puede venir a trabar o para imaginar otra cosa que la Verdad.

Bien niños de la Ley del Uno, he aquí por fin el tiempo, aquel donde toda ley se borra delante de la Ley del Uno que es Gracia y Amor, donde nada más puede oponerse, donde nada más puede existir porque es Todo, como usted lo es y como Yo lo soy. Me tiene pues en usted, no es necesario llamarme por fuera de usted, soy el que abre las puertas si usted me acoge, no ya la Puerta de paso del ego al corazón, la Puerta OD, sino el paso a la Eternidad, el que permite a Cristo y María encontrarle con el fin de establecerse en las Moradas del Padre, en las Moradas Eternas, en las Moradas de Luz y en las Luces del Amor que alumbran la totalidad de lo Creado y lo Increado.

Así, juntos para celebrar mi llegada en cada uno de vosotros, a momentos como a su demanda, pero bien como la Verdad esencial de la llegada de Cristo y de María, sello en usted el acto de hoy en este Silencio de la Eternidad, en el Silencio de su Presencia y de mi Presencia que es sólo Una, celebremos la Presencia y la Gracia del Amor y la Verdad en el Silencio...

 … Silencio …

 En este día, canto con usted el Verbo Sagrado: Ehieh Ieshoua...

 … Silencio …

En este Silencio, me pongo en usted y despliego allí las Alas de vuestra Eternidad.

Soy URIEL, Arcángel de la Presencia y Arcángel de la Vuelta, me quedo en usted, en la Eternidad y en su Presencia. Silencio, conjunto...

 … Silencio …

Bien amados, al haber penetrado Niños del Uno, el santuario de su Templo, me encuentro en ustedes y pues no necesito más, desde ahora en adelante, de aparecer por fuera de usted. Así se termina la misión que me ha sido confiada por el Uno, por la Fuente y también en el momento del Juramento y en el momento de la Promesa, que se realizan ahora, totalmente.

Doy gracias a lo que usted llevó, doy gracias a cada camino y doy gracias a cada llanto y cada piedra que se encontró sobre este camino, porque hoy esto está acabado.

Intervendré de manera menos formal en el seno de las canalizaciones para febrero de 2015.

 Le saludo.

 Fuente: el Colectivo de UNO