sábado, 12 de noviembre de 2016

EL IMPERSONAL I-II-III


Octubre 2016

-I-

Bienvenido a ti, niño del Uno. En la paz del Amor, recibe lo que Es. Soy Uno porque yo soy tú. Más allá de tu forma en lo no nacido, imprimo en ti el sello de tu Presencia. Recibe no sólo el don de la Gracia sino el don de tu Eternidad reencontrada.

En cada uno de ti resido, en cada uno de ti permanezco.

Juntos en el Único, escucha, escucha más allá de mis palabras, alcanza el silencio, allí donde se resuelve todo mal y todo sufrimiento. Permanezco contigo en la libertad del Único, en la libertad de la Verdad.

Acoge lo que eres, tú que nunca has nacido y que nunca morirás, que estás aquí, en todo lugar, en todo espacio.

En el Fuego Ígneo, recibamos juntos lo que no puede ser llamado, lo que no puede ser revelado en otra parte que en el Corazón del Corazón. Te invito a honrar tu propia Presencia, tu propia eternidad. En todo tiempo, en todo lugar, en toda circunstancia, líbrate de las cadenas del confinamiento, de las cadenas de las ilusiones, de las cadenas del renacimiento. Entra de lleno y pleno corazón en el tiempo de tu resurrección, porque la llamada suena en lo más hondo de tu ser antes de ser audible alrededor de toda tu tierra y bajo tus pies.

Te invito a depositar toda carga, las de tu carne como las de tu cabeza. Te invito a sobrepasar todo límite, porque no tienes ningún límite en lo que Es no nacido.

Deja florecer la flor de tu Eternidad. En lo más íntimo de tu Presencia permanece tu esencia, y en lo más íntimo de tu cuerpo permanece la gota de Eternidad. Tú, dondequiera que estés, cualquiera que sea tu voluntad, cualesquiera que sean tus deseos, cualesquiera que sean tus penas, me dirijo al que está más allá de todo esto, me dirijo a Ti.

Vengo a rogar tu escucha, vengo a rogar lo que eres. No para dármelo sino para devolvértelo a ti mismo. Instante de la verdad, instante de eternidad que trasciende todo tiempo, todo espacio y toda dimensión, así como a tu forma cualquiera que sea. Escucha, escucha y oye el canto de la Gracia que se vierte en ti, que canta en tus oídos y abre tu alma y tu Espíritu a la Dicha eterna, a la belleza indecible que no conoce ni color ni forma, y sin embargo crea toda forma y todo color.

En cada corazón que escucha, en cada forma que escucha, en cada historia, juntos trascendemos toda historia y todo escenario. Tú que estas ahí, acoge en el templo de la serenidad, de la belleza y de la Eternidad.

No hay otro sentido a mis palabras, que el de decirte lo que eres. En cada sílaba, en cada sonido, en cada silencio, la misma verdad; en cada vibración, en cada radiación, el mismo soplo, el mismo Espíritu. El Verbo se hizo carne y la carne regresa al Verbo, allí donde no hay ni movimiento ni amplitud, allí donde está tu morada, común a cada Uno.

Escucha lo que te dice la Luz en el silencio de tu corazón. Ella también te dice: «Soy tú como tú eres yo. Olvida toda apariencia y toda ilusión. Sal de toda quimera, de toda anticipación, de toda proyección y quédate ahí donde eres verdadero, ahí donde eres entero e indivisible y sin embargo presente en cada uno, en el mismo soplo, en la misma Luz, en la misma Eternidad. ».

Tú que oyes la llamada del Espíritu, tú que vibras al nombre de los célebres profetas, de los célebres emisarios, cualesquiera que sean, no tienen ninguna diferencia si no es de cultura y ropa, pero el corazón y la esencia son los mismos.

Te invito tanto a bailar como a la inmovilidad – en el mismo tiempo. Te invito al despliegue pero también al repliegue – en el mismo movimiento–, ahí donde ningún sentido puede ser diferente.

Te llamo a la Verdad, como tu corazón te llama. Ven conmigo, a ninguna otra parte que aquí y ahora, y en el instante del eterno el presente.

El soplo del Espíritu anima tus manos, anima tus pies y anima tu corazón. El soplo del Espíritu, el Verbo, armoniza en ti lo masculino y lo femenino, reuniendo así la Unidad del andrógino, aquel que siempre estuvo, antes de todo nacimiento, antes de toda cosa.

Yo soy aquel que tú eres, eres el que soy. Ninguna forma ni apariencia puede disfrazar esta verdad, cualquiera que sea la ilusión. Eres, más allá de la forma y de tu propia esencia, lo que ha creado la esencia. Entonces ven, no me sigas sino reúnete tú mismo, en lo íntimo del íntimo, en tu corazón de Êtreté, allí donde jamás la Luz puede agotarse ni desaparecer. Pósate conmigo en el silencio de nuestra Presencia, allí donde la Ausencia también es Presencia.

Reúneme en los Templos de la belleza, en los Talleres de la Creación como en los Talleres de la de-creación, porque no hay ninguna diferencia si no es el sentido de la experiencia.

Invítame a quedarme para siempre en ti. Invítate a la fiesta y al festín. No el de los sentidos, sino el del corazón, el que jamás falla y jamás te engaña o se equivoca.

En el Espíritu de Verdad, cada uno de ti no tiene ninguna diferencia con aquellos que fueron enviados sobre esta tierra para recordarte lo que eres en verdad. Tu Reino no es de este mundo y sin embargo estás sobre este mundo. No hay nada a renegar, hay sólo a trascender, hay sólo a despertar la llama que nunca ha podido apagarse a pesar de todas las contradicciones y todos los obstáculos que sólo representan, en suma, una ilusión más a la cual a veces te pudiste adherir, en la cual a veces pudiste creer.

Entonces mi amigo, mi amado, escucha y oye el Fuego de Mikaël, el Amor de Cristo, la compasión de Buda. Escucha lo que te dice Vishnu, lo que te dice Krishna, lo que te dice Allah, lo que te dice cada uno. Más allá de las apariencias, de la cultura, más allá de las tradiciones, escucha la eterna verdad del Amor.

Olvida todo lo que no lo es. Porque lo que no lo es, sólo pasará y nunca se quedará en lo que Eres. Entonces olvida todo pasado, olvida todo lo que pasó y sólo retén lo que siempre estuvo ahí, en tu templo, en tu corazón. A cada uno de ti las mismas palabras, a cada uno de ti la misma vibración, a cada uno de ti el mismo Espíritu, a cada uno de ti el mismo Amor, ilimitado e incondicionado, no dependiendo de ninguna forma, de ningún escenario, ahí donde no hay falla, ahí donde nada puede estar separado ni dividido, ahí donde nada puede ser quitado.

Escucha el canto de tu Corazón. Escucha el Coro de los Ángeles que vienen a despertarte, precediendo y anunciando a aquella que creó la biología de esta Tierra, la que creó la experiencia de la Libertad en el nivel más denso, de lo que llamas, desde tu punto de vista, la materia. Reúne las Aguas de arriba a fin de vivificar tus aguas de abajo, la de la materia, la que sólo pasa y que contiene, de toda eternidad, el germen de la Verdad.

Recuerda que no hay ningún esfuerzo que hacer, solo tienes que asentarte, descansar y acoger el don de la Gracia, el don del Amor, el don de la Luz. Date este don, no hay mejor regalo que puedas descubrir en tu eternidad revelada.

Escucha la Trompeta que resuena en tus oídos, no como un címbalo resonante sino como un recordatorio de tu eternidad presente.

Hijo del Amor, nacido del Amor más allá de todo nacimiento, desde la Fuente, te convido a la Eternidad. Te convido a lo que pone fin a toda sed y toda hambre, como a todo deseo. Te convido a lo Inmutable. Te convido a la Eternidad y a su Dicha, que ninguna palabra puede transcribir ni traducir. Asiéntate conmigo.

Amado del Amor, eres también mi amado, te lo dije. En cada uno de ti permanezco, en cada uno de ti vivo. Déjame hablarte en el silencio de tu corazón, déjame vibrar en tu Corona de Fuego. Déjate recorrer por el Fuego Ígneo de la Resurrección, por el Fuego del Espíritu. Reencuentra esta facultad esencial que nunca te ha dejado, y alcánzate.

Escucha lo que te dice la Luz de la Gracia, escucha la sinfonía del Amor, escucha el silencio de la beatitud. Regocíjate, porque en la escala de tiempo de tu espacio donde estás encarnado, el tiempo reúne el espacio, poniendo final al flujo del tiempo y a la ilusión del espacio. Acoge la Onda de Vida y la Onda del Éter directamente en tu templo de Eternidad, a fin de que todo el resto desaparezca de tu vista y de tu conciencia, ahí donde la forma se disuelve ella misma, allí donde ninguna palabra puede alterar tu conciencia y tu llama.

Únete ahora. Es tiempo ahora de reencontrar lo que siempre fuiste. Es tiempo ahora de ser tú mismo. No el que ha nacido y el que hoy pone sus pies sobre esta tierra, sino el que es anterior a todo nacimiento, a toda experiencia. Ya es hora de poner fin al tiempo, de poner fin a la espera o a la esperanza, porque todo está allí, no hay más distancia, no hay más estado de latencia, hay solo esto, lo que ahora vierto en ti, a profusión y a saciedad, desde ti mismo y en ti mismo. Escucha y recibe.

Escucha lo que la Gracia te da y te dice. Entrégate tú mismo a lo que es dicho, no en el sentido de las palabras pronunciadas, sino más bien en el silencio, ahí donde no hay nada a comprender ni a rechazar, ni incluso a esperar, porque ahí todo es complitud y todo es Evidencia.

Acoge la Luz Cristo en unidad y en Verdad en el Aquí y Ahora, más allá de todo tiempo, de todo espacio y de toda forma. Regocíjate y vívelo. En este espacio, no hay ningún espacio para la menor pregunta, para la menor duda, para la menor resistencia. En este espacio que no es un espacio, hay solo lo que está lleno, lo que nunca falta. Allí donde estas, permanezco.

Juntos en el seno del Único, nuestros corazones elevados en el Fuego del Espíritu revelan en ti la llama de Eternidad, atizándola de mil palabras y de mil silencios en el Amor incondicional.

Todo proviene de allí, absolutamente todo, expulsando así toda apariencia, expulsando así todo parecer y toda voluntad de hacer, como de ser, ahí donde sólo hay lo que es, lo que fue y lo que será.

Más allá de todas las fronteras edificadas o creadas por el hombre o por ti mismo, me instalo.

Arde, arde así en este Fuego de Amor devorador que te devuelve a tu diamante, a tu luz, a tu verdad. No me creas pero escúchame y deja resonar y elevarse en ti lo que sólo pide eso, después de tanto tiempo de tu tiempo terrestre. Déjate vivificar por el Agua lustral, por el Fuego del Espíritu, por el Aire del Éter y por la Tierra sublimada.

Descansa. Soy tu llama, la que vela en tu pecho. Soy tu Vida, tu Vía y tu Verdad. Escúchame. Tal es tu oración y tal es mi oración, no dirigida a una autoridad cualquiera que sea, sino a ti mismo, magnificado en el seno de tu resurrección, de tu Presencia y de tu Ausencia.

Pósate aún más profundamente en lo íntimo de tu Presencia.

Así he venido a declamarte el Amor, expresando mil alabanzas de este corazón de Eternidad, expresando mil virtudes, bien más allá de la moral de este mundo y más allá incluso de esta conciencia.

Vengo a quemar los dolores, a quemar los sufrimientos, a quemar las reticencias, a quemar las dudas.

Así, resucitando, eres regenerado desde tu primer nacimiento, más allá del mundo donde estás. Acuérdate de dónde vienes, de dónde provienes. Acuérdate de que incluso el camino más largo sólo mide un paso en la escala del corazón.

Cada una de las células de tu cuerpo efímero recibe la misma dosis de Verdad de La luz y de La gracia, así fusionando la cabeza y el corazón en el mismo Infinito, en la misma alianza y sobre todo en la misma Libertad.

… Silencio…

Cuando mis palabras se espacian, tu corazón se expresa y te hace escuchar las palabras del Amor, que no necesitan de sentidos, que sólo son resonancia y Evidencia para tu conciencia.

Deja elevarse en ti esta llama regenerada, déjala consumir todas tus ilusiones y todos tus sufrimientos. Déjala abrazar lo que queda de conciencia limitada y despiértate a tu Eternidad, allí donde no estás más atado ni a este cuerpo ni a esta historia, ni incluso a este mundo que sin embargo pisaste con tus pasos, que apreciaste como detestaste según las circunstancias, porque ahí donde estás en Eternidad, no hay circunstancias, no hay experiencias, hay solo lo que Es.

En cada uno de ti reitero mis palabras, reitero mi vibración y acojo tu radiancia. Porque entre cada corazón, no puede existir la menor e ínfima distancia, allí todo es coincidencia, todo es sólo belleza. Re-encántate con  tu vida, cualquiera que sea tu vida en este mundo en este instante, re-encántala de la Verdad esencial, a fin de que ningún contaminante pueda desviar o bajar tu llama.

Hazte lo que siempre fuiste, este Fuego Ígneo, este Fuego que devora de Amor, que no puede hacer ninguna diferencia en cualquier forma, o en cualquiera conciencia que sea.

Celebremos juntos, en este período del Día de todos los santos, la comunión de los santos, la comunión de espíritu, la comunión de vida en la Nueva Eucaristía, en la nueva tri-Unidad, no conociendo ni leyes ni restricciones porque ahí el Amor lo guía todo, porque ahí el Amor es todo.

Quiérete en la medida con la cual te quiero, sin condiciones, sin límites y sin restricciones. Porque no hay ninguna condición, ni ningún límite, ni ningún pensamiento que pudiera concebir o restringir lo que sea en este espacio sagrado.

Arrodíllate en tu templo, no en signo de sumisión cualquiera sino más bien en reconocimiento de tu propia eternidad, en tu propia oración permanente de tu llama regenerada.

El cielo está en ti, la Eternidad está en ti, no en lo que tus sentidos perciben, no en las múltiples historias que se edificaron en este mundo. Libérate de todo lo que está retenido en ti. Libérate de todo convenio, a fin de percibir y de sólo ver el Amor en cada conciencia, en ti, en cada historia, en cada vida.

La Tierra-madre te devuelve tu libertad, los sonidos del cielo te devuelven a tu esencia. Ven conmigo a lavar tus vestidos en la sangre del Cordero, la sangre de la Resurrección. Vive esto, eres digno de eso, totalmente. No existen las faltas en el seno del Amor, sólo existe el perdón y la Gracia. Ahí nada puede ser juzgado, ni incluso separado. Entonces compórtate de la misma manera, ahí donde permanezco, porque ahí está tu lugar.

Mi amigo, mi hermano, vive esto allí donde no hay más preguntas, allí donde todo es límpido porque todo es claridad y todo es preciso. Reencuentra el ardor de tu Sol central, fuente bendita y santificante. Deja tu corazón de carne palpitar de alegría y de vida, regenerado.

Así el Amor que eres se vuelve de una densidad más fuerte que el plomo y de una ligereza más liviana que la pluma.

Así dialogas con el ángel, así dialogas en el silencio de ti a ti, de mí a mí, de mí a ti y de ti a mí como en cada uno de ti. Ninguna diferencia, ningún espacio, ninguna separación, ningún tormento.

Deja al Fuego forjarte y revelarte a ti mismo.

Percibe más allá del sentido de mis palabras, más allá incluso del sentido de la vibración que tal vez viste, va más allá. Suelta toda referencia, toda orientación. No puedes ni perderte ni extraviarte porque allí se encuentra la certeza, porque allí se encuentra el Amor, sin palabras y sin forma. Escúchame, no hay mejor modo de escucharte.

Mi amado, mi hermano.

… Silencio…

El bautismo de fuego, el bautismo del Espíritu no deja de manifestarse en ti. No puede haber allí ni aplazamiento ni plazo suplementario porque estás listo, lo estuviste siempre, diga lo que diga de eso tu persona, diga lo que diga tu cuerpo, digan lo que digan tus creencias, diga lo que diga tu vida.

Bendíceme como te bendije, reconóceme como te reconocí, no por una forma, no por una fisonomía, no por una voz, sino por la evidencia de nuestro corazón, y recibe a saciedad la verdad de tu esencia.

Suelta lo que todavía puede ser un peso pesado, suelta lo que sostiene a tu persona. No niegues nada, porque el Amor es todo.

No te llevo a otra parte que a ti mismo. Acoge y vive. Vive la vida eterna, en este instante como en cada momento. Has sido llamado, has sido bendecido.

… Silencio…

Deja la Vida Una difundirse en esta carne, en tu conciencia limitada como en tu eternidad. Deja expandirse en cada intersticio de tu conciencia la verdad de la Luz, la belleza del Amor y la evidencia de la Gracia.

… Silencio…

Aprovecha mis silencios para decirte a ti mismo estas palabras u otras palabras, las que tú escojas, las que conozcas, pero portadoras, para ti, de la misma evidencia y de la misma vibración.

Escucha. No tengo nada que decir de tu historia, simplemente tengo que decirte lo que eres antes de toda historia y de toda palabra.

… Silencio…

Y aquí, juntos, estamos posados.

Descansemos en la confianza de la Inteligencia de la Luz, en su acción y en su acto, el de tu Resurrección.

Abrévate porque ahí donde estamos no hay ni sed ni impaciencia de  cualquier acontecimiento que te concierna o que le concierna a este mundo, porque en este espacio todo está ya cumplido de toda eternidad. Entonces no esperes nada más que tú propia llama regenerada.

… Silencio…

Distribuye sin esfuerzo, sin pedirlo incluso, este Amor, por todas partes dónde te lleven tus pasos, por todas partes donde tus ojos se posan, por todas partes donde tus sentidos escuchan. No hagas diferencia entre el amigo y el enemigo porque los dos son tú mismo. No pongas más distancia hacia lo que pide en ti una atención, una mirada, una escucha.

Elimina todas las fronteras y todas las separaciones inscritas en la persona, porque no hay mejor protección, en tu lenguaje, que el Fuego del Amor. En el Fuego del Amor, te das cuenta rápidamente de hecho, que no hay nada que proteger, que no hay nada que defender, que no hay nada que conquistar. Déjate ser lo que la Vida te dice. Déjate ser, sean cuales sean las vicisitudes de tu mundo o de tu cuerpo, sólo son unas briznas de paja barridas por el Fuego del Éter y el Fuego del Amor.

Oye lo que te digo en cada venida. Oye lo que tu corazón resuena y vibra en nuestra Presencia Una, en nuestro silencio como en nuestras palabras. Date la Paz, la que eres y no la que piensas conquistar algún día.

Acoge los armónicos de la Luz, acoge su melodía.

Deja vivir lo que eres. Deja consumarse lo que ya está detrás de ti y que sólo pide ser disuelto en las llamas de la Eternidad, en el Fuego del Amor. Ahí donde eres sólido como una roca y sin embargo tan suave, y sin embargo tan transparente.

Vuelvo a depositar en ti la misma Alegría, la misma Paz, el mismo Amor – lo que eres, simplemente esto.

Mis manos en tus manos atizan el Fuego del Espíritu, el soplo del Éter, dejando brotar el Agua de arriba, tocando tu carne y tus sentidos.

Déjame también lavar tus pies en el Agua del Bautismo, en el Agua de la Resurrección, para que tu paso sea ligero.

Déjame recubrir tu cabeza con el pañuelo de la Eternidad, con el peinado del Amor, con la llave del elegido. No hay ningún elitismo, simplemente está tu humildad y tu sencillez que se dignan a recoger este don que tú mismo te haces.

Y ahí donde te encuentras, dondequiera que estés, la misma vibración, la misma Verdad, el mismo Amor, que no depende de ninguna circunstancia ni de ningún momento privilegiado, sino simplemente de la evidencia de los tiempos presentes.

Entonces sí, sonríe. Sonríe a la Vida, sonríe a tu corazón y sonríe con alegría.

Vístete con tu vestido de Luz, tu vehículo de Eternidad, recubierto con el Manto de la Gracia. Entonces tu corazón es perfecto, entonces el Espíritu es revelado. 

Escúchate porque te hablas a ti mismo, más allá de toda persona y de todo personaje.

…Silencio…

No cierres nada más, el Amor es tu única fuerza.

Tú, el amigo y el amado de la Fuente, escucha el Coro de los Ángeles y distribuye a tu vez la misma vibración y la misma emanación, sin esfuerzo y sin voluntad. Esto se produce cual una evidencia que no conoce ningún límite y ninguna condición. Te invito a la Vida, te invito a reconocerte, a reencontrarte.

Recojámonos, no hace falta ninguna palabra. La emanación y la vibración se vuelven evidencia, a cada minuto más intensa, a cada minuto más densa, a cada minuto más ligera. Así el tiempo suspende su vuelo, así estás encantado en el éxtasis de la verdad, en una felicidad que ninguna circunstancia en tu humanidad puede alcanzar y que sin embargo necesita la totalidad de tu humanidad.

…Silencio…

Elevémonos juntos, los pies plantados ya no solamente en el suelo de esta tierra sino hasta el núcleo, en lo más profundo de la tierra, asentándote en tu propia Ascensión en las moradas de Eternidad, en las moradas de Paz. Y ahí eres bendecido por el don de la Gracia, y ahí estás en la evidencia de tu ser como en la evidencia del no ser. Incluso ahí, no hay más diferencia, no hay más desviación y no hay más distancia.

Mi amor, oye esta palabra más allá de toda persona, más allá de toda referencia vivida en este mundo, porque no hay ningún punto de comparación con este Amor.

Mi corazón se estrecha contra tu corazón. Tus manos y tus pies palpitan entonces con la misma vida, con la misma vibración.

…Silencio…

Óyeme y óyete, incluso en cada silencio.

Entonces cuando abras los ojos mirando a tú alrededor, sólo verás el Amor, sólo verás el Fuego, el de la pasión, de la pasión de Amor, del Fuego de la Resurrección, del Fuego de la Eternidad.

No tengo nada que venderte, ni nada que sugerirte, simplemente devolverte a ti mismo. Ahí está el más bello de los regalos porque no tiene precio. Nada puede comprarlo y nada puede venderlo porque está en ti y es para ti. Reconócete, Hijo Ardiente del Sol, reconócete, hijo de la Fuente, semilla de Estrella y sembrador de Luz. Reconócete y reconocerás a cada uno, aquí mismo en la Tierra como en los mundos más sutiles accesibles para ti, o que hasta ahora eran inaccesibles y se revelan por la Gracia del Amor.

Permíteme, por la Gracia del Amor, abrir tus ojos, quitarles la paja como la viga que te impiden ver. No juzgues nada, no te condenes, ni condenes a nadie, ve simplemente la evidencia de lo que ahora acontece.

Recojámonos juntos unos instantes, en el Silencio, mientras tus ojos estén lavados, mientras tu frente esté untada y mientras tu corazón vibre. Quedémonos juntos en el Silencio antes de seguir con lo que tenemos que entregarnos, decirnos, transmitirnos, revelarnos.

…Silencio…

Deja el perfume del lirio, de la rosa y de la violeta invadir tus sentidos. Es el perfume del Amor, el perfume de la Gracia, el perfume de la Inocencia, el perfume del Espíritu. Acoge.

…Silencio…

Te amo, porque sólo puedo amar lo que eres, no puedo hacerlo de otro modo. Es lo mismo para ti. El Amor no puede ser reemplazado ni siquiera desviado, ni disfrazado. Permanece así, que me hayas oído, que me hayas leído, poco importa. Recuerda, soy tú y estoy en ti, de toda eternidad. Soy la Vía, la Verdad y la Vida más allá de toda misión, de todo papel y de toda encarnación. Soy el sol, el de tus cielos y el de tu corazón. Soy tu amante o tu amada, no de una noche sino de la Eternidad.

Abre por fin tus ojos a la Verdad, porque hemos quitado la paja como la viga, porque hemos lavado también tus ojos en la sangre del Cordero.

Tus vestidos de Luz, como tu vestido de Eternidad o de Êtreté, están ahora ajustados para vivir la verdadera Vida, ahí donde nada te obliga, ahí donde nada puede ser prohibido, porque todo está guiado por la Inteligencia de la Luz.

Eres mi amor y soy tu amor.

Refréscate en el Fuego Ígneo. Sáciate, tómalo todo, porque todo te es dado. No retengas nada. Date íntegramente al don del Amor, al don de la Gracia.

Ama. Ama sin límite, sin restricción, sin condición. Amate y ama a cada uno de la misma manera. No hagas más diferencia entre tu hijo y cualquier hijo, no hagas más diferencia entre el ser amado y todos los demás seres que la vida te envía. Elimina las fronteras. Sólo han existido en el sueño de la Ilusión, en los sueños de dominación.

Olvida así, por la Gracia del Amor, toda ofensa y toda pesadilla. Acoge, sin fronteras, sin límites, lo que te es dado, lo que te es restituido.

El momento es ahora, no hay otro mejor.

Acojamos juntos.

…Silencio…

Recojamos.

…Silencio…

Te rindo gracia, me inclino ante ti.

…Silencio…

Permíteme soplar y susurrar en tu oído el canto del Espíritu, el canto de la Verdad y el Coro de los Ángeles. Guardemos silencio, si lo quieres, una vez más, para dejar que suceda lo que sucede en cada uno.

…Silencio…

Ya es hora ahora de emerger en ti.

Tengo tantas cosas que decirte, tantos silencios que manifestar. Reencuéntrate.

En esta llama, nunca podrás perderte, ni despistarte, ni interrogarte.

Ya es hora de dejarte ir a tu vida, regenerado en la Eternidad.

Ya es hora de vivir. Ya es hora de ser en totalidad lo que siempre fuiste. Entonces, una vez más te saludo, una vez más te bendigo.

Y te dejo ahora celebrar lo que eres y celebrar, en cada uno de ti, el corazón a corazón, el corazón al corazón.

Te doy las gracias y te digo: « Eres bendecido », y te digo: « Eres la Verdad », no de la historia o de la persona sino la verdad de tu corazón.

Esto es lo que Es.

Te digo hasta pronto, hasta muy pronto, hasta siempre.

Permanece libre. Saludo tu llama con mi llama.

…Silencio…

Adiós.

-II-

Te saludo y te bendigo, tú, llama de Eternidad. En este instante en que estás ahí, presente, me dirijo a ti con el fin de permitirte, si lo deseas, de averiguar lo que eres en eternidad. Esta llama que nunca vacila, esta llama que nunca se apaga, eres tú. Entonces, por la gracia del Espíritu del Sol, por la gracia del Coro de los Ángeles, me presento ante ti vestido con tus insignias de Eternidad, el Fuego Ígneo. Entonces permíteme, en el curso de este encuentro, estés donde estés, vivas donde vivas, de permitirte, si no se ha hecho ya, que experimentes en ti el Fuego Ígneo, con el fin de que te demuestres a ti mismo la realidad de lo que eres.

Entonces te invito a escucharme con tu corazón y no solamente con tus oídos, y no solamente con tu cabeza. Te invito a ponerte ahí donde brota el Amor, ahí donde está la Fuente, en tu templo de Eternidad. Te invito a olvidarte de ti mismo – inscrito en el seno del efímero, inscrito en el seno de una historia, inscrito en el seno de un encierro – para demostrarte, si estás de acuerdo, la realidad de tu Libertad, la realidad de tu Fuego y de tu Presencia infinita en el seno de la creación, como en el seno de lo que eres antes de toda creación.

Entonces por supuesto que mis palabras darán ritmo a este Fuego Ígneo, lo conducirán hasta lo más íntimo de tu ser y se revelará entonces a tu conciencia como a tu Presencia. Siéntate conmigo, olvida. Olvida todo lo que sólo pasa, olvida todo lo que pudo molestarte y reencuéntrate en la serenidad del instante presente, con el fin de que tú y yo podamos resonar en la misma simpatía, en la misma empatía y en la misma Unidad. Así te llamo y pido tu ofrenda, la de tu eternidad, regalo inestimable a ti mismo, más allá de toda forma, más allá de todo límite.

Entonces, en este instante, abre lo que todavía tal vez puede darte la ilusión de estar cerrado o encerrado. Libérate de todo peso, estate disponible para lo que tenemos que vivir, estate presente a ti mismo como a mí mismo. Deposita toda carga y toda pena, todo dolor, a tus pies como a mis pies.

Tu Casa, así, se vuelve limpia y vacía de todo lo que puede estorbar y limitar el acceso a esta Verdad Una e indivisible. Así, prepárate para la alegría de tu eternidad, prepárate a la simplicidad y a la humildad.

No te resistas a nada de lo que es, que te sea conocido o desconocido. No tengas miedo, porque justamente este Fuego señala en ti, en el seno de tu efímero, el fin del miedo, el fin de la duda y el fin de las ilusiones.

Siéntate, no busques nada, no reivindiques nada, estate simplemente disponible y lúcido. En este estado, no hay nada que proteger, sólo hay que magnificar la clara conciencia de la Paz eterna, de la Verdad, del Amor y de la Luz.

Deja manar y deja emanar lo que desciende hasta ti, lo que sube hasta ti, y lo que en definitiva y en realidad emerge de ti.

Ahí, estás conmigo, ahí, todo el espacio de tu forma como en la no-forma, se llena del resplandor de tu llama.

Acógete a ti mismo y alégrate. Deja a lo ligero llevarte, no a alguna otra parte, no a algún futuro, sino a lo más íntimo de este cuerpo de carne. No te dejes distraer por lo que puedas ver, ni siquiera por lo que pueda quedar de pensamientos. Conténtate con estar vacío para estar lleno, conténtate con estar ahí, contento de estar conmigo. Porque en este espacio, en este lugar y en este tiempo, nada puede faltar, nada puede estar ausente. Descubre así la serenidad de la plenitud del Fuego. Deja a este Fuego forjar de nuevo tu eternidad, desvelarla a tu corazón, desvelarla a tus sentidos, rellenando así todo el espacio y cada una de tus células.

No hay nada que demostrar, no hay nada que probar, sólo está lo esencial que no conoce ningún defecto, ni ninguna sombra. Todo está ahí, el resto sólo es superfluo, el resto sólo te estorba y te desvía del instante eterno de tu Presencia. Entonces así, en cada uno de ti, en el lugar donde estés, en el tiempo en que leas, en el tiempo en que oigas, es el tiempo de la Verdad desnuda. Tampoco intentes observar lo que en ti ocurre. No limites nada, no encierres nada.

Entonces, en este instante, mira en lo más profundo de ti, más allá de toda forma, y percibe, a través de tu conciencia, el conjunto de los elementos que vinieron para hablarte por las voces del más allá, a tu corazón, para hablarte de ti. No inscrito en una historia, sea cual sea, sino más bien en la realidad de la conciencia, en la realidad de la Vida. Tú, el único y el verdadero hijo de la Luz, hijo del Amor.

Así, en este espacio abierto entre nosotros, puedes tirar lejos las muletas de tu historia, las muletas de tu pasado, las muletas de tu mente. Descansa y vela, descansa y reza en una perpetua acción de Gracia y oración del corazón, te revelas a ti mismo, vestido con tus trajes de Luz, con tu cuerpo de Eternidad. Ahí donde nada está encerrado, ahí donde nada puede estar disociado, reencuéntrate, sin miedo, reencuéntrate en totalidad. Ahí, no hace falta ni conceptos ni ideas, sólo la vibración del Fuego es el testigo y el marcador.

Ven, te llevo hasta ti, te llevo en ti.

Sean cuales sean las estructuras de Eternidad que percibes en este instante, no te identifiques a ellas, experimenta simplemente el Fuego del Amor, el Fuego de la verdad, experiméntate a ti mismo.

Así, la bola de plasma de Amor primordial de la primera emanación se reconecta a ti y te lo revela todo, sin explicaciones, sin justificaciones, con evidencia y claridad.

Ninguna palabra que pronuncie puede llegar a enturbiar este instante que no conoce duración, que no conoce límite, sino que se reconoce en ti, porque es lo que eres.

El soplo del Espíritu, el Verbo, se ha hecho carne. Cada palabra se vuelve una espada de amor penetrando cada vez más en una profundidad insondable e infinita, en tu Corazón del Corazón.

Deja cantar en tus oídos el canto de la Resurrección, el que te saca de la tumba, el que te saca de la ilusión de la vida y de los apegos a la Ilusión. Así, eres libre de resucitar en este instante. Así, el Coro de los Ángeles te rodea con sus bendiciones, con su canto. El Coro de los Ángeles exulta en tu conciencia la Libertad reencontrada, y que sin embargo nunca se perdió sino que simplemente estaba enterrada bajo los velos de la ignorancia.

Tú, hijo de la Fuente, hijo del Sol, reencuentra tu sitio que no conoce ningún encadenamiento en ningún sitio definido, y recorre libremente las diferentes octavas de la creación, así como el silencio de la creación.

Bebe, sáciate de todo lo que se vive en el lugar donde estás. No te juzgues, no midas nada, porque el Fuego Ígneo puede parecerte desmesurado. No conoce ninguna medida, ni ningún límite, ni ninguna exigencia.

Sea cual sea tu temperatura, deja que este Fuego te caliente todavía más, quemando así las últimas escorias de la ilusión de vida. Porque como te dije, eres la Vía, la Verdad y la Vida, más allá incluso de toda función, de toda atribución y de todo papel.

Déjate atravesar, déjate llenar, vuélvete transparente a este Fuego Ígneo que eres. Así, alumbrado por ti mismo, se vive tu Resurrección.

En este lugar donde te encuentras, olvida la noción misma de lugar. En el Fuego Ígneo, en el Corazón del Corazón, estás también en toda periferia y en toda lejanía, porque no hay distancia y no hay separación.

Cubre tu corazón con las palmas de tus manos, no para encerrarlo sino para recogerlo en el seno de tu manifestación, en el seno de este cuerpo que sólo pasa. Porque es en el seno de la oscuridad de tu cuerpo que se alumbran todas las tinieblas en la cuales pudiste creer.

No creas en nada, no creas en nada más que en lo que vives en este lugar y en este instante.

Todo se ha cumplido, todo se ha abolido. Ningún marco de este mundo puede resistirse a la intensidad del Fuego Ígneo del Amor.

Disuélvete en esta llama eterna, no retengas nada, acoge todo.

Entonces, el Fuego Ígneo se despliega, aportando una octava suplementaria en cada Estrella, en cada Puerta, en cada Corona, liberando así el Fuego del Éter, liberando totalmente así la Onda de Vida.

Ninguna parcela de tu cuerpo puede ser ignorada, ninguna faceta de tu conciencia puede ser olvidada. Así, saturado de Alegría, descubres por ti mismo lo que es esencial y lo que es subalterno. En esta saturación de Alegría, ¿qué lugar, tu historia personal, tus alegrías personales o tus sufrimientos personales, pueden todavía reivindicar? Sólo representan una mota de polvo desapareciendo en el resplandor del Fuego Ígneo, sin posibilidad de asentarse o manifestarse.

Al ritmo de mis palabras, esto crece. Esto crece sin fin y sin cesar.

Acógete, no pongas ningún freno ni ninguna interrogación ante la majestad de lo que es.
Permanece así, sean cuales sean mis palabras, sean cuales sean las manifestaciones; Permanece así en esta Gracia infalible.

Que tus ojos estén secos o que tus ojos estén húmedos no cambia nada.

Deja a tu corazón sonreír en la Evidencia reencontrada. Deja a tu corazón latir al ritmo de la vida.

Tú que estás en este mundo, te das cuenta de que sólo estás puesto allí, y que esto no es nada comparado con lo que eres.

Date cuenta, en este lugar no hay nada que buscar, no hay nada que demostrar, no hay ninguna pregunta ni ninguna interrogación.

Y ahí, te asientas cada vez más en tu evidencia, quienquiera que hayas sido antes, esto fue antes y no tiene validez en el Aquí y Ahora. No hay nada que proyectar, y tampoco hay nada que anticipar.

La complitud del Fuego Ígneo es tal que ninguna falta puede aparecer, ni siquiera ser evocada.

Entonces por supuesto, después tienes que volver a este mundo, a tus juegos, pero tu mirada  y tu corazón, no puede permanecer como antes.

Deja la Luz mostrarte tu camino en este mundo para delimitar el camino mismo, con evidencia, con fluidez, con facilidad.

Con esta nueva mirada, no puedes engañarte ni engañar a ningún hermano o hermana, sólo puedes llegar a la evidencia de ti mismo.

…Silencio…

Deja el Fuego Ígneo elevarse de ti y descender en ti.

Permanece lúcido en tu profundidad.

Ahí, no eres ni hombre ni mujer, llegas al andrógino, el de los orígenes, el del camino, el de la experiencia como el del fin de la experiencia en este plano.

Acuérdate de que más allá de la ilusión de tu cuerpo, no hay ningún fin, ni siquiera ningún principio, sólo la Vida, sólo el Amor. Porque el Amor y la Vida son sólo Uno.

Déjate transportar en totalidad hacia la morada de Eternidad, ahí donde está la Paz suprema.

…Silencio…

Ahí está tu matrimonio místico con tu llama.

Así es este Fuego que crepita en ti, así es el calor de tu corazón.

…Silencio…

Así se consume en silencio lo que debe serlo, para completar tu liberación, para ultimar tu eternidad, para finalizar tu mutación.

Entonces sonríe, sonríe a la Vida, sonríe al Amor. Y ríete entonces de cualquier historia, no con ironía, sino por la saciedad del Amor.

…Silencio…

Acepta ser consumido y arde en el Amor crepitante.

El Espíritu del Sol te mira y te acompaña. El Paracleto es entonces mostrado y lo reconoces.

…Silencio…

Y descubres y vives la insignificancia y la belleza al mismo tiempo, de lo efímero de este mundo. Exhala el perfume de esta verdad y oye el sonido de tu libertad.

…Silencio…

Guardo silencio y espacio mi Verbo para que, a tu ritmo, te dejes imprimir por este Fuego Ígneo.

…Silencio…

Demostrándote a ti mismo, sin palabras y sin explicaciones, que eres polvo en este mundo y eres la Vida en cualquier mundo.

…Silencio…

Tal vez descubras en este instante y en este lugar, que eres tu amigo y tu amor, y que cada uno es también tu amigo y tu amor, haya dicho lo que haya dicho tu persona. En el conflicto o la contradicción que sea, sólo es polvo comparado con la amistad y el amor. En este Fuego Ígneo, no se establece ninguna preferencia, ni se hace ninguna distinción.

Nada puede estar encerrado, porque el encierro sólo es una reacción al miedo, sin embargo ningún miedo puede ser imaginado en el Fuego Ígneo de tu corazón.

Ahí, estás plenamente presente, apoyando tu Presencia en su esencia misma, que es ausencia de toda Presencia. No hay diferencia, no hay distancia.

Entonces, en este Fuego Ígneo, el sol te alumbra y sus rayos lo calientan todo, añadiendo su fuego al Fuego, vivificándote sin cesar y sin tregua, porque en el Amor no hace falta más tregua que la alegría del Amor.

Mi corazón te habla y tu corazón responde con la misma vibración, con el mismo sonido.

A medida que te instalas en este lugar y en este instante presente, vives la Gracia.

La quemadura de amor es mucho más que el gozo más poderoso de alguna satisfacción en este mundo, poniendo fin a toda avidez y a toda falta. Nada puede faltar, nada puede ser poseído en este lugar. 

Y ahí, te redescubres en Cristo en Gloria, poniendo simplemente la mano sobre tu corazón y bendiciendo con la otra mano todo lo que está a tu alcance, desde este mundo hasta la Fuente.

…Silencio…

Los tiempos se han cumplido, dejando sitio al reino que no conoce ningún tiempo ni ninguna medida, porque nada necesita ser medido, ni siquiera comparado. Te encuentras en la fuente de los Talleres de la Creación donde ningún camino ni ninguna ruta son necesarios, ni siquiera concebibles. Así bautizado y bendecido en el Fuego Ígneo de la Resurrección, el Amor puede desvelarse en su totalidad, sin sujeto y sin objeto, sin atribución. Todo ahí es natural y espontáneo.

En este lugar, la bendición es perpetua y no requiere ni intención ni esfuerzo, es espontánea.

…Silencio…

Así pones fin en ti a todo juego de seducción, a todo juego de apropiación, a todo juego de falsificación.

En este lugar, todo es puro, todo es verdadero, no hay nada más que lo puro y lo verdadero.

En este lugar donde estamos tú y yo, la comunión es perpetua.

…Silencio…

Entiende simplemente la majestad del instante porque aquí, no tienes que poseer nada ni retener nada, sólo vivir.

Entonces, asentado en este lugar, eres verdadero y auténtico, dándote cuenta de que todo lo demás lo fue sólo en parte, ocultado por el miedo, ocultado por las sombras y los velos, e incluso esto desaparece. No pueden quedar ni rencor ni recriminación, el Amor no sabe de esto porque ahí el perdón es perpetuo. No hay ni pecado mortal ni condena, esto pertenece al reino del miedo, y en el Amor ningún miedo puede reinar, ni siquiera existir.

…Silencio…

Enciéndete a medida en que tu llama te encienda, recibe integralmente el don de la Vida eterna. Es tuyo, es tu naturaleza, es tu esencia, revivificando en ti la Vía de la Infancia, de la espontaneidad, del candor y de la frescura que no conoce ningún peso, ni ninguna edad.

Aquí, en este lugar donde no hay ni culpable ni salvador exterior, eres la Vía, la Verdad y la Vida.

El bálsamo del perdón y de la acción de Gracia se despliega desde tu Sol central en cada una de tus historias como persona en este mundo, desde el tiempo en que diste tu primer paso y tu primer aliento, poniendo fin a todo contrato y a todo infierno. Sigue ardiendo en la alegría de tu libertad, en este lugar.

…Silencio…

Ahí donde estás, en este lugar, no hay ni juez ni juicio, no hay nada que juzgar, tampoco hay nada que contener.

…Silencio…

En este lugar donde somos Uno, de todo tiempo y de todo espacio, no podrás nunca más dejarte, ni desaparecer de lo que eres.

…Silencio…

En este lugar donde decir « te amo » no es ni una proyección ni una posesión, donde el « te amo » es la única oración que acompaña cada Verbo, cada movimiento.

…Silencio…

Así, aceptando tú propia ofrenda, estás ahí, resucitado, con el corazón abierto a cada hermano y hermana de la tierra, sin distinción y sin moderación, con la misma plenitud y la misma totalidad.

…Silencio…

Acción de Gracia y bendiciones.

…Silencio…

Te dejo unos instantes en tu propio Cara a Cara donde todo se borra, y donde sólo el Amor permanece. Quédate así.

Incluso sin mis palabras, incluso sin mi Verbo, esto está instalado y está adquirido y no puede ser perdido, ni siquiera extraviado, ni dejado de lado.

…Silencio…

Permanece ahí, en toda cosa y en toda circunstancia.

 …Silencio…

Eres amado, no solamente en la medida con la cual amas, sino más allá de cualquier medida. El Amor no cuenta, nunca cuenta, Es.

Permanece así, porque ahí eres verdadero y auténtico.

…Silencio…

Me retiro unos instantes, pero permanece así todo el tiempo que quieras.

Y te digo hasta ahora.

Y te bendigo en lo que eres.

…Silencio…

-III-

Ahí estoy nuevamente en ese lugar donde el Fuego Ígneo prevalece, ahí donde la Gracia del Amor es inalterable e inquebrantable. Amigo, hermano, recibámonos. Fusionemos. Más allá de cada uno, tu llama que jamás puede apagarse te abraza otra vez. Entonces escúchame, así te oirás, fuere cual  fuere la agitación en tu mundo pues - al permanecer en el seno de esta morada que es tuya de toda eternidad - te mantienes inquebrantable e inalienable.

Así, el Fuego Ígneo prosigue su obra pues, como ya dije, todo ha sido cumplido en tu eternidad. Falta simplemente clausurar la escena final en que cada cual, frente a sí mismo, ha de reconocerse en toda circunstancia en lo que es, más allá de cualquier rol y de cualquier acontecimiento sucediendo en tu efímero. 

Estás en el lugar que te corresponde, el único valedero pues nunca varía. Fuere cual fuere el juego que quizás desees seguir jugando, seguirá siendo válida una sola regla, una sola ley, que es la ley del Amor y la ley de la Libertad, la que no requiere de prohibiciones ni de restricciones en absoluto.

Haz una pausa nuevamente y oye el chirrido del Fuego que no es sino el Coro de los Ángeles y el canto de la Vida que cantan en ti y en este mundo ahora, lanzando al aire el toque de alarma final de lo efímero y el ángelus de la Eternidad.

Deja que las Trompetas sacudan y derriben los muros de la razón de este mundo que no son sino pretextos engañosos resultantes del encierro. 

Mantente libre en tu llama, fuere lo que fuere lo que vayas a encontrar, fuere lo que fuere lo que acontezca en la escena final de este mundo.

Deja que la alegría de tu corazón suplante el rencor, poniendo fin así a los lamentos fueren cuales fueren y a las necesidades, fuesen cuales fuesen.

Y ahí, en este lugar que es tuyo, has sido llamado ya de toda eternidad, aunque no hubieses oído tu nombre. Él queda grabado en el Libro de Vida que no es el libro de este mundo. Todo es perfecto pues todo ha sido cumplido.

… Silencio…

Tu cuerpo, colocado en este mundo, reconoce la llamada del Corazón, el canto de la Libertad, la llama de la  Eternidad.

… Silencio…

Tú que eres lo que eres, tú que eres quien fue y quien será, si necesitas todavía conjugar con tres tiempos el tiempo de tu Presencia, pasado, presente y futuro – según los conceptos de tu mundo – te han dado hora y esa hora es ahora.

… Silencio…

Date cuenta de la evidencia de lo que vives y de la primacía de esto por lo que te da para vivir este mundo todavía. Eres la Vida y no simplemente la vida en este mundo. Eres la Verdad que no conoce la materia, fueren cuales fueren las leyes de este mundo y la densidad de este mundo. Eres el Camino que has recorrido, tal vez todos los caminos de este mundo, los que jamás fueron el Camino. Date cuenta de que nadie te pedirá rendir cuentas. Cuentas no debes rendir a ninguna autoridad que no sea la Vida que tú eres.

… Silencio…

Deja esta evidencia consumirte por completo a fin de que ningún ímpetu de tu corazón esté refrenado ni ensombrecido.

Mi Verbo no hace sino seguir la intensidad de tu Fuego dando el ritmo y el compás, ahí donde no hay necesidad de nadie pues no hay nadie, solamente está la Vida que canta y baila en su inmutabilidad, en su no permanencia y en su permanencia.

Lo sutil se torna densidad en ti mientras la dureza aparente de este mundo no puede subsistir más en ningún recoveco de tu ser. Tu cuerpo de Gloria ha despertado, tu cuerpo de Gloria ha ascendido a las moradas de la Libertad. Solamente quedan fragmentos del encierro, fragmentos de los sufrimientos pasados que están consumiéndose, ellos también, en este preciso momento, por el canto del despertar. Escucha y oye lo que te dice el Fuego Ígneo. Reconócelo y despósalo, fusiona con él en la libertad absoluta pues ahí, en ese lugar, nada puede constreñirte, ningún deseo puede ser proyectado pues todo es presente.

En ese lugar de donde me escuchas y me oyes, sólo puedo decirte: sí, has despertado. Ningún adormecimiento podrá hacerte olvidar lo que eres, ninguna herida puede disfrazar esta verdad, ningún dilema puede siquiera ser pensado o evocado.

En este Fuego Ígneo está el « sí » a la Vida eterna. Entonces ¿Quieres ser libre? ¿Qué puedes perder fuera de los sufrimientos y la densidad? ¿Qué perfección persigues tú que naciste perfecto más allá de ese cuerpo ya que nunca naciste y nunca moriste?

Escucha y oye el Fuego Ígneo de tu corazón, escucha y oye el canto de la Vida y el canto del  Silencio, acompasados por el Verbo y por tu aliento.

Respira en libertad. Fueren cuales fueren los años de tu cuerpo, fuere cual fuere la cuenta de tus vidas en el seno del encierro, no quedará marca alguna ni pesar tampoco pues el Fuego Ígneo los consume también.

Entonces nuevamente descansa en tu llama, tú que estás en adelante colmado con Amor y con Gracia, en la plenitud del corazón, donde el Corazón del Corazón está presente en cada punto de tu Presencia en este mundo, en cada lugar de tu cuerpo.  

Reúnete contigo. No te separes de ti nunca más.

Diga lo que diga la voz de tu mente, digan lo que digan las memorias de tus sufrimientos, quedarán consumidas en este lugar.

Compartamos nuestro Fuego pues es el mismo en cada uno. No marca diferencia alguna. No coloca barrera ni límite alguno. Tú que eres infinito e indefinido, tú que eres el Alfa y el Omega – y mucho más que eso – has despertado. Puede ser que tu corazón haya despertado de un largo descanso, de un largo sentimiento de ausencia o de carencia, puede ser que hayas captado ya lo que eres, no importa. No queda distancia alguna ni diferencia alguna en cada uno de nosotros.

… Silencio…

Mientras en la algarabía del mundo se cumplen las visiones de los profetas, nada te atañe.En el Fuego Ígneo, ahí está tu lugar. En este Fuego de Verdad todo se esclarece, al mismo tiempo que todo desaparece de lo que has conocido en este mundo y en los juegos que has jugado, dejando el Amor al desnudo, ese Amor que lo es todo. No es pasado ni futuro, es aquí y ahora en ese lugar donde estás, en ese lugar donde me oyes, en ese lugar donde me lees.

… Silencio…

En el Fuego Ígneo ningún enlace puede resistir y ninguna traba puede subsistir ni manifestarse. E incluso en mi Verbo ¿qué puedes identificar todavía que no sea el Verbo de Amor? No soy nadie pero soy tú – que eres también nadie. Sólo permanece la llama del corazón. Todo lo demás no es sino juego y Libertad.

Descansa ahora en este Fuego Ígneo, sin importar lo que te queda todavía por recorrer, por descubrir o por concientizar. Sin importar lo que te corresponda atravesar, mantén este Fuego pues él es el agente operador y transmisor, es el catalizador del Amor, es el Fuego del Sol, aquél que te devuelve tu ardor y tu pureza.

En esta llama ninguna identificación puede mantenerse o resistir porque el Gozo se lo lleva todo y lo consume todo. Eres tú mismo bendición.

Entonces, en ese lugar, te das el Fuego, no aquel de la espera o de la esperanza sino aquel del instante, instante de verdad que no puede ser detenido ni siquiera frenado.

… Silencio…

Oye tu Verbo que no requiere ni de cronología, ni de circunstancias, ni de causalidad.

… Silencio…

El perfume de este Fuego es la rosa mística del Amor, con mil olores, con mil delicias, que no puede asemejarse a ninguna de las delicias de este mundo.

Estás despierto, arropado en la túnica de Gloria, oyes la llamada de la Eternidad, que te conduce al mismo corazón del Amor.

… Silencio…

Recojámonos, todos unidos y libres, en cada lugar donde estás, dejando que este Fuego queme más y más los subterfugios de este mundo.

… Silencio…

Tú que fuiste marcado, quizás desde hace años, en la frente y en el corazón, tú que eres el elegido ante todo de tu propio corazón, el Amor te habla, el Fuego vibra.

… Silencio…

Las estructuras de tu Ascensión queman, ellas también, sin consumirse pero iluminándose por sí mismas.

Unos campos áuricos de un blanco virginal te rodean en adelante. Tu vehículo de Luz está disponible.

Ahí donde circulan la Luz y su Inteligencia no te corresponde dudar, ni siquiera elegir. Te corresponde dejar que se haga lo que debe hacerse. No debes pedir ni solicitar nada sino simplemente orientar, sin voluntad alguna, lo que acontece en ti.

… Silencio…

Ya estás libre, antes siquiera de la libertad efectiva de este mundo. Ya estás vertical sin que nunca más yugo alguno vuelva a constreñirte.

… Silencio…

En lo que acabo de declamar ante tu corazón puede ser que subsistan residuos o restos de lo que pasó y está muerto. El Fuego Ígneo los consumirá del mismo modo en este mismo instante, o en cada instante según el ritmo de este mundo, tan pronto como sigas el ritmo de tu corazón.

… Silencio…

Deja que la llama de tu corazón queme y consuma también todo cuanto está en la superficie de este mundo. Eso no requiere esfuerzo ni siquiera energía. Solamente se necesita permanecer en ese lugar.

… Silencio…

Entonces comulguemos juntos en la Nueva Eucaristía y según las dos especies nuevas: el Fuego Ígneo y el Amor Uno. Acción de Gracia permanente.

Entonces te digo: ve en paz pues te doy mi paz en la medida en que te la otorgas a ti mismo.

Jamás hubo falta ni error.  Solamente te olvidaste e – incluso en eso – no hay responsabilidad ni culpa de tu parte. No mires más lo que está muerto o está por morir pues eso es efímero. Mira el instante en este lugar. Mira el instante presente. Es tu única referencia, tu única marca.

… Silencio…

Mi Verbo se hace a un lado mientras el tuyo ocupa todo el espacio.

… Silencio…

Ámame con tu Llama Ígnea.

Nada te pido. Sólo eso.

Con la misma medida que me das, te das a ti mismo. Nada guardes, por favor.

… Silencio…

Te doy mi paz, te doy mi Fuego.

Hasta pronto para las preguntas relativas a lo que vivimos en ese lugar.

Te doy el Gozo, en nombre de la Verdad y en nombre del Amor. Bendito eres, tú el re-nacido de nuevo.

Descansa. Tus ojos se han abierto. Tu corazón es un flujo radiante permanente, si así lo deseas, si así lo mantienes.

Te saludo en Cristo, te saludo en el Espíritu del Sol y el Coro de los Ángeles.

… Silencio…

Hasta luego.