miércoles, 25 de julio de 2012

SNOW - Los Cuatro Elementos



 19 julio 2012

Mi nombre es SNOW. Me alegra venir a hablarles. Vengo a contarles una historia. Esta historia está atada, profundamente, a la historia de mi pueblo, a lo que era, en una encarnación, he aquí hace un tiempo, sobre esta Tierra. Mi pueblo (como muchos pueblos que no sufrieron, de modo tan dramático, en aquella época por lo menos, el olvido que es del pueblo occidental), como el conjunto de los pueblos nativos, supimos, he aquí hace un tiempo todavía, guardar la Comunión con el Gran Espíritu y con sus elementos. Porque los elementos de La Tierra, que a todos nos constituye, cuando estamos presentes aquí sobre este mundo, son los Caballos del Gran Espíritu. Hoy, usted lo sabe, hasta los pueblos nativos perdieron, para la inmensa mayoría, esta conexión al Gran Espíritu que vuelve ahora a grandes pasos, como fue anunciado por la inmensa mayoría de nuestros chamanes, de nuestros médiums. Lo que viene, nosotros, los del Océano Índico, lo llamábamos el despertar del Gran Espíritu, marcado por el despertar de La Tierra, por el canto de Phœnix que marca el fin del olvido. Los elementos también son los Caballos del Gran Espíritu, y ya cantan sobre La Tierra, el fin del olvido. Nuestro cuerpo pertenece a esta Tierra. Tan pronto como nacemos, somos ensamblados por los Caballos del Gran Espíritu. Estos Caballos, desde hace algún tiempo y sobre todo desde que el tambor de La Tierra resonó, se pusieron en movimiento. Usted los llama, por otra parte, en Occidente, los 4 Jinetes del Apocalipsis. El cuerpo de carne está constituido por estos 4 Caballos y, ellos también, se ponen en movimiento. Mientras por supuesto, los más eruditos que yo hablaron de estos primeros movimientos de los Caballos: los elementos, en usted. Muchos entre ustedes, vivieron la realidad de eso o las primicias pero, hoy, el Gran Espíritu dió el impulso a estos Caballos a preparar el despertar de Phœnix, la vuelta del Gran Espíritu, cualquiera que sea el nombre que se le de, según los nativos o según el occidental.

Lo que la Naturaleza le da a ver, por todas partes sobre La Tierra: los Caballos que se embalan, se embalan también en usted. Los 4 elementos, como usted los llama, se vuelven cada vez más activos, dándole a vivir, en este cuerpo, en esta carne, cosas inhabituales, para usted, pero que, he aquí todavía poco tiempo, para los nativos, eran acostumbradas. Seguíamos La Tierra, seguíamos sus ritmos, seguíamos sus elementos. No había, para nosotros, ninguna separación entre este cuerpo y los elementos de la Naturaleza con los cuales está constituido. He aquí los tiempos no tan antiguos (y el tiempo, todavía, cuando estuve encarnada en mi pueblo), podíamos ser el Viento, el Fuego, La Tierra y el Aire. Simplemente porque fuimos conectados, como usted dice, al Gran Espíritu. Lo que usted siente en sus cuerpos, lo que atraviesa su conciencia, es muy exactamente esto. Entonces, cualesquiera que sean los nombres (que usted llame esto la energía, los centros de energía u otra cosa como, por ejemplo, el canal de comunicación con nosotros), todo esto resulta del ensamblaje de los elementos, pero de los elementos que se despertaron, en usted, como se despertaron sobre La Tierra. Y los elementos, ya desde hace un tiempo, se aceleran, se vuelven más impetuosos. Entonces, para el que es persuadido a ser sólo este cuerpo, esto es un peligro y el peligro puede venir del Agua, del Fuego, de la Tierra y del Aire. 

Los 4 elementos, los 4 Caballos, anuncian la vuelta del Gran Espíritu. El Aire se vuelve poderoso. El Agua recubre las tierras y el Fuego quema el bosque y la Tierra se ahueca. Esto es la llamada del Gran Espíritu. Entonces por supuesto, los que no perciben el Gran Espíritu en ellos, y los Caballos que están en movimiento, llaman esto una catástrofe. No hay ninguna catástrofe como lo que es unido a los elementos. Es sólo la transformación normal, que está en resonancia directa con la vuelta del Gran Espíritu. Los pueblos nativos, dondequiera que estén sobre La Tierra, lo sienten. Ustedes occidentales, abiertos, ustedes lo saben. Los que dudan, todavía se no fían de eso. Y los que no sospechan nada, dudarán hasta el último instante, porque sus ojos no pueden ver, porque su cuerpo no puede sentir, mientras los 4 elementos no se reunieron, cerca del Gran Espíritu, no se transportaron por el Éter. Por supuesto, La Tierra y los elementos sólo comienzan. Sé que, he aquí hace un tiempo, el Comendador de los Antiguos (ndr: O.M. AÏVANHOV) les había hablado de volcanes, Agua, vientos y la Tierra. Todo esto se realiza bajo sus ojos, si usted lo siente. Todo esto concierne a su conciencia, si usted está sobre un territorio al que le conciernen o si usted toma las informaciones, de algún modo que sea. Pero el cuerpo de carne del ser humano es hecho así, que su conciencia lo dirige en un sentido o en otro y si esta conciencia no quiere ver, no lo verá, hasta el momento cuando los 4 Caballos serán reunidos. Y esto está en el camino. Usted llama esto signos, para los que los ven, para los que se no se fían de eso. Nosotros, ya anunciamos la vuelta del Gran Espíritu, el cambio de los elementos, el cambio de la Tierra, el cambio del Cielo y del Aire, el cambio del Agua y del Fuego. Lo que se realiza en este cuerpo de carne, usted puede cualificarlo por uno de los Caballos o uno de los elementos. Hay un Fuego. Hay una Agua: el Agua de la Tierra o el Agua del Cielo que fluye sobre usted, que sube en usted. Del aire que circula alrededor de usted. Hay un Fuego sobre el eje central de este cuerpo, en el pecho o en el vientre o en la cabeza o los tres. Y esto perfectamente está en acuerdo porque estamos constituidos, cuando estamos en esta carne, de la misma Naturaleza que La Tierra. 

El Gran Espíritu comenzó a hacerse sentir. Los elementos se despertaron, sobre La Tierra, como en usted. Entonces, usted debe estar en la escucha porque en el momento, cuando los elementos se ponen en movimiento, usted no puede notar la diferencia entre este cuerpo y el cuerpo de La Tierra. Usted es la misma realidad. Entonces, lo que se eleva, volcanes de la Tierra, se eleva en usted. Lo que se extiende sobre la Tierra es el Agua que le recubre. Y esto es el igual para los 4 Caballos, estos 4 Jinetes. En el momento en que usted se da cuenta de lo que se realiza en usted, o que usted se da cuenta, también, de lo que se realiza sobre La Tierra, que esto sea con felicidad o pavor no cambia nada, porque usted comprueba que en este momento allí, poco a poco, la impresión de ser separados de la Naturaleza, los elementos, todo lo que vive sobre La Tierra, va a desaparecer. Si el viento se levanta, de manera más tempestuosa que antes, se levanta también en usted. Todo esto para decirle que la separación artificial entre lo que está dentro y lo que está fuera, usted va a vivirlo como su desaparición. Ciertos Antiguos le hablaron de Velos. Yo le digo que los elementos que le son visibles (porque usted los vive o porque usted los escuchó) se viven también en usted. Vendrá un momento cuando usted será el Viento, usted será el Aire, usted será el Fuego y usted será la Tierra, haciéndole, de manera necesaria, no separarse más usted y quedarse. 

El Gran Espíritu envía sus Caballos como una última advertencia. Esta advertencia no es una catástrofe, ni un castigo, sino viene para poner en movimiento lo que todavía no ha sido puesto en movimiento en usted. El fuego de La Tierra es también su Fuego. El agua que cambia de sitio, cambia de sitio, también, en usted. Lo que usted observa o aquello de lo que usted piensa para hablar (o lo que usted vive en el territorio donde usted está) se produce exactamente del mismo modo, en usted. Pronto usted no podrá más ignorarlo, ni negarlo, porque usted lo vivirá. Los Velos sobre los Caballos desaparecieron, como desaparecieron en usted. Si ustedes son liberados, La Tierra Es liberada. El cuerpo de La Tierra cambia. El cielo de La Tierra cambia. Su Cielo cambia. Su Tierra cambia. Todo lo que ustedes pueden vivir en este cuerpo, se vive sobre La Tierra. No es ni siquiera una analogía o una resonancia, sino que es la misma cosa: no hay diferencia y esto, si ustedes no lo viven, ustedes van a vivirlo. Más los Caballos van a acelerar su movimiento, su manifestación, usted comprobará que, a más, este cuerpo también acelera. Lo que usted llama las Vibraciones son las mismas, para la Naturaleza, como para usted. De la misma manera que hay unos Hermanos y Hermanas que lo viven, del mismo modo, por el momento, hay unos territorios que lo viven, y hay unos Hermanos y Hermanas que lo viven, y hay unos territorios que no lo viven.

En este país (Francia), usted está sobre un territorio donde los Caballos no aceleraron todavía verdaderamente, aunque usted capó a veces el adelanto, para algunos de ustedes. Pero tiene allí un momento cuando, cuando la llamada del Cielo va a resonar, cuando todo esto va a igualarse. Y el efecto de los Caballos, los elementos, no será el mismo, según que ustedes estén preparados o no preparados. La única preparación, ahora, es sobre todo despertarse al Gran Espíritu. Esto no es para agitar su mente o preparar circunstancias exteriores con relación a los Caballos, sino preparar sus propios Caballos, porque son ustedes quienes los conducen y el mejor modo de conducirlos es dejarlos actuar. Cuando esta resonancia va a instalarse, ustedes comprobarán (como mi pueblo pudo comprobarlo, en tiempos no tan lejanos) que ustedes son también bien el Fuego, la Tierra, el Aire y el Agua, sin ninguna dificultad. Si usted deja los Caballos actuar, si usted deja los emisarios del Gran Espíritu laborar, transformarán, del mismo modo, su Tierra, como La Tierra, como su cuerpo. De la misma manera que el árbol no puede resistir el fuego, de la misma manera que la Tierra no puede resistir al Agua que depone sobre ella, usted también, usted no puede resistir. Sólo el que se opone al Gran Espíritu cree que puede resistir a la marejada del Gran Espíritu. Es cuestión de tiempo y este tiempo ha terminado. La llamada de Phœnix, la llamada de La Tierra, la llamada de los Caballos, está en usted. Si usted vive esto, no habrá más ni Interior, ni Exterior. Usted será y usted hará lo que usted Es: el Gran Espíritu. Todo lo que es separado, dividido, no podrá mantenerse, en usted, como alrededor de usted, para los Hermanos y las Hermanas, como para La Tierra misma. 

Un Antiguo le había dicho: habrá una Nueva Tierra y Nuevos Cielos. Nadie jamás le dijo que esta Nueva Tierra y estos Nuevos Cielos eran un arreglo, sino algo nuevo, totalmente. De la misma manera que los elementos que están manos a la obra, en usted, le hacen descubrir algo nuevo. Lo que usted Es, en el Gran Espíritu, tampoco es acondicionado por el miedo, por la ausencia del Gran Espíritu. Entonces (como lo dije en algunas de mis intervenciones), vaya en la Naturaleza, aléjese, sólo a veces, de lo que ha sido amontonado por los Hermanos y las Hermanas privados de Gran Espíritu. Vaya hacia lo que es natural, que esto sea en lo que vuelve a su cuerpo, porque este cuerpo no necesita cosas transformadas por el pensamiento de quienquiera: el alimento natural, menos procesado, es lo que le convendrá. Busque el bosque, porque el bosque tiene, ya encontrada, la totalidad del Espíritu. Busque la compañía del agua, porque el agua, también recibió su bautismo de arriba. Aproveche, tanto como usted pueda, de lo que le ofrece la Naturaleza, allí donde usted está. Esto permitirá, en usted, una mejor armonización y una mejor sincronización con lo que la Naturaleza tiene que decirle, que darle, porque ella también viven los 4 Caballos. La Naturaleza no resiste al Gran Espíritu. El humano, resiste. Entonces, sé que otras Estrellas y Antiguos le dieron signos a observar para saber si tal Hermano o tal Hermana puede resonar con usted. No se plantee esta pregunta con la Naturaleza porque resonará, necesariamente, con usted, en el momento en que usted deja sus Caballos, ya modificados, actuar en usted. 

Tome el rocío de la mañana bajo sus pies, porque la Onda de la Vida y la Gracia, como usted los llama, están allí ya. No olvide el Sol y el Cielo. Vuelva los ojos a otro lugar que sobre sus preocupaciones, por algunos instantes. Mire el cielo, por la noche. Mire las nubes, porque llevan los Caballos. Mire los colores, porque mirando, usted sobrepasará lo que usted mira y usted comenzará a comulgar, también, con los elementos en la Naturaleza. Esto reforzará su posibilidad de comunicar, por el Amor, con nosotros y con los Hermanos y las Hermanas que se vuelven, ellos también, hacia el Gran Espíritu. La Naturaleza, más que nunca, es su ayuda. Hasta diría, para muchos, su bálsamo, porque todo lo que viene de La Tierra acogió, en ello, la liberación de La Tierra, que esto fuera los alimentos que no han sido procesados, o los bosques, las aguas y hasta lo que viene de la Tierra: las piedras y los cristales. Hay siempre algo, para usted, en la Naturaleza, y mucho más que antes, ahora que los Caballos están en acción. Recuerde esto en los momentos cuando duda, el miedo, la cabeza, pueden manifestarse e impedirle ser unidos al Gran Espíritu. Todo está allí, en la Naturaleza, y todo allí cada vez más facilitará, todo allí estará cada vez más vivo. Vuélvase hacia ella y se volverá hacia usted. Porque los Caballos de la Naturaleza van entrando en contacto con usted, a eliminar lo que es responsable, justamente, del miedo: la diferencia que usted hace entre usted y el exterior. Es gracias a la Naturaleza que usted tendrá más oportunidad de vivir que no hay Interior y ningún Exterior, preparándole al Gran Espíritu, con la misma titularidad que nuestra Presencia a sus lados. Y esto hasta facilitará su capacidad de sentirnos y de vivirnos. 

La ayuda está en la Naturaleza. No está en las imágenes proyectadas por sus pantallas. Está en este contacto directo e íntimo, que va darle a vivir que usted es el árbol, el agua, el sol, el cielo, las nubes, todo aquello a que usted va a prestar atención, tan pronto como usted va a mirar esto con todo su Ser. El Gran Espíritu está allí ya. Los elementos de la Naturaleza se transformaron y tienen un pequeño adelanto sobre usted. Sírvase de allí, porque la Naturaleza facilitará todo el resto en usted. No le pido, ni le aconsejo, vivir en la Naturaleza, por supuesto, sino sumergirse allí. Y pida, pida al Gran Espíritu, a los 4 Caballos, a los elementos, volver en usted y usted abolirá esta separación ficticia, usted abolirá todas las barreras, usted se hará permeable y usted irá hacia la Transparencia. Esto cultivará, en usted, la Humildad y la Sencillez y le dará, si todavía no es el caso, a vivir el bautismo del Agua y del Fuego, en este cuerpo. Más que nunca, el Cielo, la Tierra, los elementos, son sus ayudas. Más que nunca, si usted sobrepasa la misma mirada exterior al exceso de estos elementos, usted encuentra la fuerza y el Amor. Sólo si usted dedica aunque fuere 5 minutos (si usted no tiene tiempo, por lo menos, usted piense en ello) a mirar algo en la Naturaleza, algo sobre la Tierra, algo en el Cielo, usted oteará los efectos, muy, muy rápidamente. De la misma manera que en el momento de la liberación del Sol, ciertos Antiguos dijeron de mirar el Sol, de ponerse frente al Sol: lo mismo ocurre con lo que pasa sobre La Tierra, ahora. Los lugares donde los 4 Caballos son más activos, aparte de este territorio, son unos elementos importantes de la llamada de Phœnix y de MARÍA, para estos pueblos. Repito una expresión del Comendador de los Antiguos (ndr: O.M. AÏVANHOV): lo que la mirada exterior puede llamar a veces la muerte, lo que la oruga llama la muerte, la mariposa lo llama nacimiento. Recuerde esto. La Naturaleza va le recordárselo de manera fuerte y evidente. La Naturaleza no es un enemigo, es su aliada (pase lo que pase) porque al más duro fuego, a la más dura tempestad, a la más dura inundación, a los más duros tremores de la Tierra, hay lo que hace falta para despertar el Espíritu. Lo más importante está allí. Entonces por supuesto, si usted se queda allí en la mirada exterior, la mirada exterior verá allí siempre sólo un diluvio, un Apocalipsis, en su sentido negro. Pero si usted acepta escuchar la Naturaleza en lo que tiene que decirle, esto será todo. ¿Cuál mirada pone? De esto emanará la facilidad, de este cuerpo que usted habita, a vivir lo que piden los elementos.

Aproveche, en estos tiempos, en el territorio que es el suyo o en otro lugar, los trastornos o aceleraciones, que esto sea Agua, de la Tierra misma, del Aire o del Fuego. Porque lo que se manifestará en su territorio, se manifestará en su cuerpo. Y lo que se manifiesta en su territorio, con relación a los Caballos, tiene algo que decirle, de esencial. No es por nada si el Fuego es más fuerte, sobre ciertos territorios, mientras que el Agua es más fuerte, en otros territorios. El territorio donde usted está tiene que hablarle. Le tiene que librarle algo y librarle a usted mismo(a). Si ustedes son atentos, se lo dirá. No estén asustados, cualquiera que sea el Caballo que se les manifiesta, allí donde ustedes están, sino escúchenlo. Si el cielo gruñe donde ustedes, no teman el rayo. Si el agua recubre el suelo, no teman el agua. Si el fuego quema sus bosques, no tema el fuego, sino escuche lo que tiene que decirle, porque el mensaje está allí, para usted, allí donde usted está, y si usted lo escucha, en este momento, usted vive, realmente y concretamente, que no hay ningún Interior, ningún Exterior, que usted está en su casa, por todas partes. Esto pondrá fin, definitivamente, al aislamiento y al sufrimiento. Por supuesto, esto es posible también con nuestros Hermanos y nuestras Hermanas que se volvieron hacia el Gran Espíritu y que llevan los signos, a los que usted conoce. Vuélvase hacia ellos, de la misma manera que usted puede volverse hacia nosotros. Estamos allí para esto. No haga diferencia entre nuestros Hermanos y nuestras Hermanas que están en un cuerpo, y nosotros, ahí dónde estamos, y la Naturaleza. Allí dónde ustedes están, ustedes son alimentados por el Cielo y La Tierra de ahí dónde ustedes están. Acepten ver y alimentarse de modificaciones de los elementos que sobrevienen allí dónde ustedes están. No hay que preservarse, no hay que evitar sino, bien, recoger el mensaje, del lugar donde usted está. Porque si usted acepta este mensaje, entonces, el Gran Espíritu está allí. 

De su capacidad de comunicar, de comulgar, con la Naturaleza, de ahí dónde usted está, ustedes saldrán abiertos y en paz. Esto es muy fácil, esto no llama a una agitación mental, esto no llama una comprensión sino a sumergirles en lo que los Caballos tienen que decirles. Recuerden: el bosque, el Agua, el Fuego, la Tierra, el Aire, los animales, viven, ya, la puesta en movimiento de los elementos y, por otra parte, ciertos hermanos animales nos dejan, encuentran lo que son. No vean allí, allí tampoco, con una mirada exterior, algo catastrófico, porque su mirada exterior es torcida. Si ustedes lograban penetrar la esencia de los delfines que dejan La Tierra, ustedes percibirían su alegría inmensa y no un sufrimiento cualquiera. Una vez más, todo depende de la mirada, el exterior o el interior: la de la cabeza o el del Corazón. Y el Corazón no dice en absoluto la misma cosa que la cabeza. A usted toca de vivir estas experiencias, a usted de decidirlo y a usted de ver la Verdad, en el Corazón, y no según las apariencias que son dadas a ver.

La Tierra y el Sol son liberados. Ustedes son liberados. Ustedes son regenerados, resucitados, como dirían algunos. De los Nuevos Cielos, una Nueva Tierra: es el ahora. El Gran Espíritu y La Tierra se pusieron de acuerdo. De la misma manera que los elementos se pusieron de acuerdo, en ustedes. Qué ustedes esten cerrados o despertados al Gran Espíritu no cambia nada. El Cielo, el Gran Espíritu es lo mismo para ellos todos, y los efectos de su Luz, de su Soplo que viene del cosmos, es lo mismo para cada uno, ahora. Por supuesto, la mirada de la cabeza va a hablar de algo que no es normal. Pero la mirada del Corazón sabe que esto es normal y hasta indispensable. Es a usted de decidir donde usted se coloca. ¿Va a seguir a los que tienen miedo y a los que contribuyeron alejando el Gran Espíritu? ¿O va a escuchar lo que le decimos, lo que le dicen su Hermanos y su Hermanas en el Corazón? ¿Aquel que le dice la Naturaleza? El acontecimiento es lo mismo, pero el mensaje recibido es diferente. Esto únicamente valora lo que usted cree que usted es, aquello en lo que usted piensa, en la cabeza. Si usted deja el Viento, el Aire, el Fuego y a la Tierra actuar, en la Naturaleza, pues bien, usted ve que, muy rápidamente, esto va a cambiar. 

Lo que le digo, en este día, no habría podido ser dicho, he aquí hace seis meses. Hacía falta que la Onda de Vida, viniendo del centro de La Tierra, llegara, no solamente en usted, sino a la superficie de La Tierra y embebiera, en cierto modo, a la Naturaleza. Es cosa hecha y esto se volverá cada vez más fácil desde mañana. No olvide esto. Usted mismo(a) comprobará, la verdad de lo que le digo y lo que las Estrellas me encargaron de decirle, porque soy, con mi Hermana NO EYES (Sin Ojos), quienes conocemos mejor La Tierra, en su gasolina y en su Vida. No puedo nada decirle de mejor que el vivirlo, experimentarlo. Hágalo, sin pensada atrás, sin pedir nada de otro que ser sumergido allí, y usted verá. El agua no es más la misma. La tierra no es más la misma. El fuego no es más lo mismo. Y el aire, tampoco. El Gran Espíritu los insufló, con algo que estaba perdido y que es encontrado. Entonces, vívalo y usted verá. No hay diferencia, para vivir esto, entre un Hermano y una Hermana de pueblo nativo, hoy, y un occidental, entre un ciudadano y un campesino. Todavía hace falta que el ciudadano vaya allá. Todavía hace falta que el campesino se vuelva, realmente, hacia la Naturaleza, se sumerja allí. Pero usted tiene totalmente la misma posibilidad de sumergirse allí y de ver, con el Corazón, lo que va a pasar. En la noche también, los rayos del Gran Espíritu son más fáciles de vivir, porque el Sol está por el otro lado. Entonces, los rayos del cosmos, en estos momentos, son mucho más intensos. Usted comprobará, por otra parte, que, en vuestras noches, suceden unas cosas cada vez más notables y que en las que no duermen, comprueban que este cuerpo de carne se echa a temblar, a manifestar cosas que no estaban allí antes, mucho más por la noche. Saque provecho de eso. Vívalo. Ninguna duda podrá, entonces, invadirles.

He aquí lo que tenía que transmitirles. El Gran Espíritu, cualquiera que sea el nombre que usted le daba, usted (La Fuente, el mismo Absoluto), los elementos, todo esto está enempleo desde mañana. Le invito pues a experimentar con eso, tan pronto como el Abrigo Azul de la Gracia será depositado, totalmente, sobre La Tierra y sobre ustedes.

Soy SNOW. Qué el Gran Espíritu le apacigue. Estén en paz y pues yo los bendigo en su nombre. Les digo hasta más tarde. 

Gracias.