domingo, 29 de noviembre de 2015

Hermano K - El Verbo



Noviembre 2015

Mi nombre es Hermano K. Hermanos y Hermanas en humanidad, hagamos Silencio en primer lugar e instalemos nos en la Gracia del Amor.

...Silencio …

Mi presente intervención se sitúa, en cierto modo, a raíz de lo que pude expresar durante todos estos años, respecto a la Autonomía y la Libertad, situados en el contexto preciso de estos tiempos de La Tierra.

Mis palabras y mis frases serán... expuestas lentamente, no porque las necesitan, sino más bien para hacerles penetrar más hacia las manifestaciones del Cuerpo Eternidad, ligadas a su Presencia y a mi Presencia, aquí o en otra parte.

Después de la Estrella Teresa y seguidamente de nuestro Comendador, vengo a expresar los efectos esperados, y que ya están, para algunos de entre vosotros, presentes, respecto al Estado de Gracia y a la Gracia del Amor tal como Teresa lo expresó.

La Autonomía y la Libertad se acompañan desde ahora, de lo que llamaría, la espontaneidad. La espontaneidad de la manifestación, cualesquiera que sean las percepciones corporales, las vibraciones de vuestras palabras incluso, vivís una actualización. Esta actualización pretende, de manera directa y consecuente, de llevaros a vivir, no solamente los procesos vibratorios, ligados al Fuego del corazón o al Corazón Ascensional, sino más a conmarcar y a manifestar, en vuestras palabras como en mis palabras, en lo sucesivo, la expresión del Verbo Creador, la expresión inmediata de la co-creación consciente que pretende trascender literalmente el lenguaje y la palabra, en Verbo, a fin de dejar hablar en vosotros el Espíritu, el Espíritu de la Verdad, el Espíritu del Sol, las características de estos tiempos de La Tierra que vivís, dándoos a entrar más profundamente en la alegría y la plenitud de la Vida, en la alegría y plenitud del Ser cuya expresión y manifestación, aquí como en otras partes o en otras dimensiones, no está más ligada a la actividad del cerebro, sino más directamente a la expresión del Verbo del Espíritu y entonces de vuestro Corazón y de la Luz original.

Así podemos decir, durante este período, que las palabras cualesquiera que sean, estarán vacías de sentido, si no están, previamente, relacionadas ni apoyadas por el Verbo y por el Corazón.

Vuestros mecanismos de percepción, de la conciencia misma, se ven entonces modificados por la Inteligencia de la Luz y modificando, por ahí mismo, vuestra inteligencia, no la de la razón, sino etimológicamente la Inteligencia que os vincula. Esto fue llamado la Inteligencia del Corazón, que viene en cierto modo, a despojarles, en vuestra expresión por las palabras, de toda influencia personal, de toda influencia de vuestra historia, a fin de situar vuestra propia manifestación en este mundo, en el seno de la Eternidad.

Numerosos nuevos elementos intervienen, desde la Liberación de La Tierra y sobre todo desde este año de vuestro tiempo terrestre, dándoos a vivir numerosas experiencias en resonancia y en relación con la Efusión de la Luz y de la Ascensión de La Tierra.

La expresión de vuestro Ser toma el relevo, en cierto modo, de la expresión de vuestra persona, no como un cambio de idioma o de palabras, sino más bien por unas palabras que no son más soportadas y emitidas por el cerebro, sino directamente desde el Corazón y que desemboca, de manera a veces fulgurante, a veces más lentamente, sobre la espontaneidad. La espontaneidad del Ser no es una reflexión en el sentido intelectual o en el sentido de la Luz, sino más una emisión de Luz en acuerdo con la Vida y la Verdad.

Así sois conducidos literalmente por la Luz, a manifestar en toda ocasión, el Verbo, no solamente creador, sino lo que podríamos llamar la Espada de la Verdad, aquella que corta lo que es falso, la que desnuda y revela ahí mismo, la belleza de la Vida y la ilusión de la persona.

Vuestra misma expresión con palabras, está entonces en modificación, permitiendo por vuestras palabras, la expresión de vuestro Ser, en unas palabras y en cualquier situación que sea, reuniendo ahí mismo lo que fue escrito en los evangelios concerniendo al Cristo actuando por el Verbo, cuando por ejemplo le dijo al paralítico, «¡Levántate y camina!». Lo que actúa en este momento no es la conciencia, ni incluso la energía, sino directamente el Verbo de la Verdad. No se trata de una orden, ni de una sugerencia, sino de un acta que os aparece claramente, trayéndoles a esta espontaneidad de las palabras, no conociendo ninguna reflexión cerebral ni referencia cualquiera en la existencia de vuestra persona en este mundo, sino directamente relacionada al Espíritu del Sol, al Coro de los Ángeles y a la Verdad del Cristo.

Así, más que nunca, tengan cuidado a vuestras palabras, porque vuestras palabras no serán simplemente más unas palabras que pasan, sino lo que vivificará la vida, la vuestra, pero también de todo hermano y  hermana que las escucharan.

La palabra se hace el Verbo. La palabra se hace Espíritu. Y este Verbo se inscribe en vosotros, como a aquel o hacia la situación en las cuales son pronunciadas. El Verbo se hace entonces Espíritu de la Verdad, Espada de la Verdad, poniendo fin a las palabras del parecer, para reemplazarlas por la expresión del Ser y esto, en circunstancias cada vez más frecuentes y en ocasiones cada vez más claras.

De la misma manera que nuestro Comendador les habló, de manera humorística, de la auto-sanación, se trata más que de vuestra propia sanación, se trata de la Sanación de este mundo y de su Ascensión.

Cristo decía, cuando recorría este mundo: «Cuando seáis tres reunidos en mi nombre, estaré entre vosotros.» En las palabras que saldrán de vuestras bocas, expresarán el Amor y la Presencia del Cristo.

La expresión del Corazón y del Verbo del Espíritu están ligados a esta noción de espontaneidad, de inmediatez y de transparencia. Lo que quiere decir que vuestras palabras no necesitarán más ser reflejadas, sino que fluirán de vosotros como una fuente brotando, tal una fuente de Luz viniendo a percutir y a revelar, en vosotros como en la relación o la circunstancia, la Verdad del Amor.

El Verbo es espontáneo. Es el Canto de la creación, es el Canto de la co-creación y la expresión de la belleza de la Vida, de la belleza de la Conciencia, apoyándose en su fuente y en lo Absoluto.

Así que, cada uno de vosotros es llamado por la Inteligencia de la Luz, a emplear en adelante palabras, frases y relaciones por estas palabras, donde toda noción de futilidad y de reflexión, no tendrán más sentido. Sólo tendrá sentido lo que será la emanación de vuestro Corazón y lo que entonces transmutará la palabra en Verbo. Verbo operador de creación, Verbo vibrante, cantando las alabanzas de la Vida y las alabanzas del Amor en cualquiera circunstancia que sea.

La diferencia, entre la reflexión y las palabras de la declaración y la espontaneidad del Verbo expresándose desde vuestro Ser, es fundamental. Las palabras que salen de la cabeza están  acompañadas o seguidas por los pensamientos y las ideas, en general en correspondencia con lo que hay en vuestra cabeza, en vuestras experiencias y en vuestras metas.

La expresión del Verbo se sitúa de manera definitiva en el instante presente, en el Aquí y en el Ahora y no depende de nada más que de este instante presente. Ahí está la libertad del Verbo y la Autonomía que es de no depender de ninguna circunstancia, de ninguna anticipación ni de ninguna reflexión.

La espontaneidad es el privilegio del Corazón. En la expresión del Corazón, por el Verbo, hay incapacidad a referirse al pasado, a una ventaja o a una explicación cualquiera que sea.

La palabra es reflejada, el Verbo es instantáneo, él cortocircuita literalmente la reflexión, el intelecto y el mental, para ir mucho más profundamente más allá del sentido de las palabras pronunciadas, pero toca el corazón de una circunstancia o relación, en un Corazón a Corazón ilustrando, ahí también, es vuestro Cara a Cara, con vosotros mismos, poniendo final a la separación entre los seres, entre las Conciencias y entre los cuerpos.

El Verbo es ante todo una sonrisa que canta, cualesquiera que sean las palabras que salen, el Verbo es el agente vivificante del Corazón y de la Vida. Más allá de los elementos de espontaneidad o de reflexión propias del Verbo o de la palabra, habrá aún más un efecto de este Verbo sobre vuestro corazón y sobre el Corazón del otro, que os demostrará aquí mismo que sólo hay un Verbo y de que no hay otro.                          

Este Verbo no depende de los pensamientos, no depende de las ideas, no depende de una elaboración cualquiera, de una sintaxis o de una gramática perfecta, sino que es la expresión espontánea de la Vida, que viene del Ser, que viene del Corazón del Corazón.

El Verbo es creador. Es ante todo, creador de Amor y manifestación del Amor.

El Verbo, en él mismo, incrementa la Libertad y la Autonomía del otro y la vuestra, o de la circunstancia en la cual estas palabras son expresadas como Verbo.

El Verbo alcanza el aliento. Está relacionado al Paracleto, al Juramento y a la Promesa y no tiene nada que hacer de lo que únicamente pasa, y de lo que concierne a lo efímero. El Verbo, contrariamente a la palabra nunca se apaga, incluso cuando acaba de expresarse. El Verbo es pues realmente vivificante, es el aliento de la Vida, es la expresión de la espontaneidad del Corazón que no está más sometido a cualquier convenio, a una regla o a cualquier condicionamiento.

Cuando el Verbo reemplaza la palabra, la Gracia está presente, dándoles a percibir, de manera más intensa, la misma Gracia en acción, al nivel de la Corona de la cabeza y de la Corona del Corazón.

El Verbo es pues, él también, un agente sanador y un bálsamo viniendo no para aliviar o camuflar, sino para resolver todo lo que haya que resolver.

La acción del Verbo es inmediata. Ella no sufre de plazos, contrariamente a lo que viene de las palabras, a lo que viene del lenguaje.
                  
El Verbo es reconocido no por el cerebro, sino directamente por la Luz, directamente por vuestra estructura física y vuestra estructura de Eternidad.

El Verbo activará, de la misma manera que lo que explicó el Comendador, ciertas zonas, ciertos puntos, ciertas Estrellas y ciertas Puertas presentes en este cuerpo y en el Cuerpo de Eternidad.

El Verbo no es seducción. No puede describir ni expresar otra cosa que no sea la Verdad del Ser en cualquier palabra que sea, en cualquier expresión que sea. El Verbo incrementa la Corona radiante del Corazón, el Fuego vibral y se manifiesta por la Gracia, tal como lo describió Teresa, en el momento de su presencia o de su llamada.

El Verbo finalmente liberado, él también, os da a hablar no para decir algo, ni justificar algo, ni para intercambiar, sino mucho más y  exclusivamente, a hacer resonar el Corazón del Corazón.

De manera similar a lo que dijo el Comendador, vuestras palabras y vuestro lenguaje, que proceden de la palabra y de la reflexión, no arrastran efecto vibratorio o energético, no tienen latencia.

El Verbo actúa directamente en la vibración y en la conciencia de aquel que las recibe o en las circunstancias directamente.

Por supuesto, durante el tiempo, habrá a la vez una palabra ordinaria y en otros momentos, la palabra diferente, la del Verbo. Las diferencias son significativas, no tanto en las palabras que pueden ser las mismas, sino en la acción vibral y en la conciencia que será en este caso, en el caso del Verbo, inmediato e instantáneo, proporcionando también en vosotros, como en el otro, la capacidad de vibrar, la capacidad de sanar, la capacidad no de explicar, sino de esclarecer lo que está por esclarecer.

La palabra necesita un aprendizaje que todos conocemos cuando nacemos en este mundo. El Verbo no necesita de ningún aprendizaje. Sólo necesita la  espontaneidad del Corazón olvidando el sentido mismo de ser una persona.

El Verbo es pues exclusivo del Corazón, la herencia de la Autonomía y es el privilegio de vuestra Libertad.

Cuando se manifieste el Verbo, haréis distintamente y directamente la diferencia con la palabra que sale de la persona. Porque el Verbo no puede en ningún caso ser disfrazado, en ningún caso incomprendido, porque no se dirige a las mismas estructuras. El Verbo, como decía, es el aliento de Vida. Está relacionado a la respiración, al Corazón y también a la Alegría y a la Paz.

El Verbo no necesita de la estructura habitual de la palabra, no necesita de ser organizado, no necesita de ser controlado, no necesita justificaciones, contrariamente a la palabra.

Cuando el Verbo habla, el Corazón habla y el cerebro se calla y esto se siente muy fácilmente. Los efectos, como dije, no tienen nada ver.

Si el Verbo está presente, la Gracia, que yo calificaría de “Teresiana”, estará ella también presente, por las palabras y las señales que os dio Teresa y que fueron explicadas también por nuestro Comendador.

Vivir y expresar el Verbo, es estar en acuerdo total con el Cristo. Porque en el momento en que vuestra palabra se vuelve Verbo, vuestra lengua es consagrada. Hubo además, en Occidente, algunos santos que guardaron, más allá de la muerte, una lengua viviente y visible, incluso cuando los huesos se volvieron polvo.

El Verbo es el operador de toda creación, al principio era el Verbo, antes incluso que la Luz.

Es esto lo que reencuentran y reviven hoy.

El Verbo es un bálsamo que se basta a sí mismo en cualquiera circunstancia de cualquier relación que sea.

El Verbo es pues vivificante y abre, en cierto modo, unos receptores diferentes de los actuales en el cerebro y en los oídos.

La palabra es entendida por los oídos.

El Verbo es entendido por las células y por el Corazón.

Lo que explica su acción espontánea lo mismo que su expresión espontánea.

Lo que os podía ser ya conocido en la creación artística espontánea, en el canto espontáneo, en la danza espontánea, se vuelve hoy, operativo por vuestra boca.

El Verbo abre, la palabra cierra.

El Verbo es alegría, la palabra es interrogación.

El Verbo es pues lo que anima la vida. La palabra es lo que contraría la vida.

El Verbo os restituye en cierto modo a su vuestra eternidad, incluso antes de la aparición de la segunda estrella.

El Verbo es también un arma que pone fin a lo que es dual o falso.

El Verbo no se molesta de conveniencias, de reglas o del qué dirán.

El Verbo es la expresión desnuda y pura de la Verdad, independientemente de vuestra persona, de vuestra historia y de vuestra vida.

El Verbo es también, en cierto modo, el testigo de vuestra liberación y de vuestra Libertad.

El Verbo eleva la Luz y conduce la Luz. La palabra eleva y conduce el intelecto, pero no la inteligencia del corazón.

El Verbo nunca abre un debate o una discusión, tampoco impone nunca nada, pues es la evidencia de la manifestación de la Vida y de la Gracia de la Verdad para aquel que es portador del Verbo.

El Verbo, contrariamente a la palabra, es reconocido hasta en lo más íntimo de vuestras células y en todas las capas de vuestra conciencia.

El Verbo alimenta la Gracia vivida en vosotros y alrededor vuestro.

El Verbo es mucho más que un medio de comunicación. El Verbo es un medio de comunión, de fusión y de disolución.

El Verbo vincula también el Amor en cualquier circunstancia que sea, en cualquier dureza de las palabras pronunciadas. El Verbo revela y desvela las capas más profundas que os eran inaccesibles.

El Verbo se vivifica de sí mismo .

El Verbo hace también callar la palabra y callar al mental. Es incluso, diría yo, la antítesis.

El Verbo os conduce también a vivir momentos de silencio más intensos y más profundos.

Cuando el Verbo nace, cuando el Verbo se calla por momentos, la palabra no vuelve, queda el silencio y la ampliación clara de la Luz Vibral que os proporciona la Paz.

El Verbo no sirve a ningún interés personal y no proporciona ninguna ventaja personal, en cualquier caso que sea.

El Verbo es el Amor en acción y en manifestación.

El Verbo emitido y recibido no puede ser confundido con unas palabras que pasan, porque el Verbo, incluso cuando se apaga, continúa vivificando lo que ha sido vivificado.

El Verbo es sentido en sí mismo. Él no se molesta de semántica. Él no se molesta con la organización de las palabras. El Verbo es la expresión directa de la supra-conciencia en el seno de este mundo, preparándoos a vuestro estado multidimensional, donde ninguna palabra necesita ser pronunciada y donde el Verbo se expresa directamente en las estructuras vibrales del Cuerpo de Eternidad.

Al principio era el Verbo y el Verbo alumbra la creación, la organiza dejándola libre.

Tal vez habéis oído hablar de lo que fue llamada la música de las esferas o también del sonido del Universo. Cuando el Verbo nace en usted, el Coro de los Ángeles os acompaña al mismo tiempo que la Gracia, viniendo a vivificar y a ampliar lo que es pronunciado. El Verbo está pues vivo. Es la Vida. Es lo que revela. Es lo que decide. Él es la palabra de la Verdad, incluso en el silencio.

En estos tiempos de La Tierra que vivís, el Verbo pone fin al engaño de las palabras, al engaño de las promesas, al engaño de un futuro mejor. Él pone en cierto modo, de manera directa, fin a la mentira y a la manipulación de cualquier naturaleza que sea.

El Verbo y el Silencio son, en cierto modo, hermanos. El Verbo y el Silencio ponen fin a la palabra y a los términos superfluos. El Verbo es el testigo de la verdad manifestada en este mundo por vuestra Presencia.

Si tomo un ejemplo, mucho más reciente que el de Cristo, evocaría el que se llama hoy Bidi, que ya decía, en su encarnación, que sus palabras no podrían fracasar porque eran la Verdad, la Vía y la Vida, como Cristo, pero a una octava diferente. No dije ni superior ni inferior, sino diferente.

Cuando la palabra se hace Verbo, se hace activa, directamente en la conciencia, actuando directamente en lo que tiene que ser revelado en una circunstancia o en una relación. Él es el aliento de la Verdad. Él os permite de expresar la belleza de la Vida que se basta a ella misma.

Las palabras que empleo, por otra parte, no son más que unas palabras, sino el Verbo en acción y la Gracia en acción.

El Verbo impone en sí mismo el fin de las palabras, el fin de las ideas, el fin de los pensamientos. Él revela el Espíritu en su majestad, en su poder.

El Verbo es entendido directamente por la conciencia. Es percibido por ella, transmitido por ella al conjunto de las células de este cuerpo y al conjunto de las estructuras del Cuerpo de Eternidad.

El Verbo, finalmente, disuelve todo lo que pueda quedar de creencias y de ilusiones en el seno de vuestro mundo y de este mundo. Vuestro mundo individual y el mundo de La Tierra.

El Verbo es también el agente de la Libertad y su testigo.

El Verbo traduce su Autonomía y La Verdad.

La misma espontaneidad del Verbo es la garantía de la desaparición de la palabra y de las palabras vacías.

El Verbo, más allá de vivificar la vida, da sentido a la vida.

Él existe, de la misma manera en que acabo de hablarles, como un Verbo individual y un Verbo colectivo.

El Verbo colectivo fue llamado, en muchas ocasiones, los sonidos del Cielo y de La Tierra, el sonido del Universo, el Coro de los Ángeles, el sonido del Samadhi. Este Verbo se os lleva y os transporta de manera directa al Corazón del Corazón, en la última Presencia.

El Verbo, en este mundo de La Tierra y en estos tiempos, es la manifestación más tangible del poder del Amor.

El Verbo, finalmente, pone fin al juicio y a la discriminación.

El Verbo es también la evidencia de la presencia de la Luz, que os da a verificar por vosotros mismos, como hijos ardientes del Sol, el poder de Sanación del Verbo.

Sabéis todos que las palabras pueden matar mucho más que un cuchillo o que un arma.

El Verbo es el agente de la resurrección y del despertar final.

En el momento de la activación de las cinco primeras llaves Metatrónicas, se realizó, más o menos rápidamente, a escala individual y colectiva, la activación de los cinco nuevos cuerpos y de las doce Estrellas. El undécimo cuerpo, o Verbo Creador, siempre estuvo especificado como siendo el último en activarse.

Muchos de entre vosotros percibieron la activación de este cuerpo, de manera incompleta, hace ya numerosos años, manifestándose a nivel vibratorio, por el sentimiento de una vibración que rodea los labios.

El Verbo viene del corazón, incluso si sale por la boca. Os remito también, para esto, a la simbología y la eficacia de la abertura de la boca en los ritos egipcios, por ejemplo, que permite liberar el alma.

El Verbo hoy es así, cuando éste emana de vosotros.

El Verbo, yo lo decía, es el hermano del Silencio. Porque cuando el Verbo es emitido, el Silencio le sigue y es en este momento que la Luz es,  propiamente hablando, digerida e integrada.

La Luz vibral acompaña el Verbo y manifiesta el Verbo, en vuestras Puertas y Estrellas, y también en vuestro Corazón.

Más allá de la espontaneidad, el Verbo es también evidencia, evidencia de su acción, evidencia de su exactitud, evidencia de la Vida, evidencia de la Verdad.

Al principio era el Verbo, al final de la ilusión será el Verbo.

El Verbo de La Tierra, lo comprendieron, son los sonidos de La Tierra.

El Verbo es el sonido de vuestro Corazón y el Canto de vuestro Corazón.

El Verbo es Libertad y yo lo decía, libera, resuelve y sana de la ilusión.

Para ver el Verbo en acción, cuando vuestras palabras se transforman en Verbo, no necesitáis ni explicación, ni referencias, excepto la espontaneidad y el aspecto vivificante del Verbo.

El Verbo os recordará los momentos de Silencio que tal vez vivieron en el silencio de vuestro templo interior, que tal vez vivieron algunos estados de Paz, de Alegría y de Fuego.

Comprobareis también que el Verbo es un Fuego devorador, no dejando más espacio para la palabra ni para la mentira en todas las circunstancias.

El Verbo, finalmente, restablece lo que tiene que ser restablecido: la reversión de este mundo.

El Verbo ya canta, para muchos de entre vosotros, en vuestros oídos, llamado el canto del alma o el canto del Espíritu, se manifiesta el Verbo de la vida que canta en vuestros oídos.

El Verbo que expresáis está grabado en el mármol de la Eternidad de la Vida.

Cuando el Verbo se expresa, no hay más lugar para la menor ilusión, la menor transformación o alteración de sentido. La palabra puede engañarles o engañar a quienquiera. El Verbo no puede engañar a nadie, porque es, como dije, la evidencia. Es también la Vía, la Verdad y la Vida. Pero el Verbo no es tanto el sonido que escucháis o que comprendéis. Él supera ampliamente el marco del uso de la palabra y se inscribe entonces de golpe en la Eternidad.

Y cuando el Verbo se hace Silencio, entonces todo está cumplido, todo está revelado. La Omega alcanza el Alfa.

… Silencio…

Hermanos y hermanas de La Tierra, rindo gracia a vuestra escucha, rindo gracia a vuestra lectura, rindo gracia a vuestra Presencia y os doy mi Paz.

… Silencio…

Soy Hermano K y en la Gracia, les saludo.