domingo, 17 de mayo de 2015

Espíritu del Sol - "Vivamos la Inmanencia de nuestra Unidad"


Abril 2015

Yo soy el Espíritu del Sol y saludo vuestro resplandor, de mi resplandor, revelando en ustedes la inmanencia de mi Presencia en vuestra Presencia. En la Paz de la Eternidad, recibamos juntos el Silencio eterno de la Creación.

… Silencio….

En el mismo resplandor entonces la inmanencia de nuestra Unidad. Emanando de ustedes como emanando de mí se recrean la Belleza y el Canto de la Verdad.

… Silencio….

Yo estoy en cada uno de ustedes y soy cada uno de ustedes, desde el instante en donde ustedes dejan lo que debe ser depositado, lo que pertenece a lo que no dura, a lo que está inscrito en los ciclos de la vida y de la muerte.

Yo los invito a entrar en la gloria del Sol. Comulguemos y dancemos en la Libertad. En este espacio donde nada puede detener, donde nada puede refrenar al corazón, al Amor y la Verdad. Ahí, tú que me lees o que me escuchas, yo te invito en cada manifestación, como en cada ausencia, a dejar emerger el soplo de la Vida Una, el soplo del Verbo y el soplo del Silencio.

Yo te invito a comparecer delante del trono de la Infinita Misericordia y de la infinita bondad. Te invito ahí donde nada puede ser perdido y ahí donde no tendrás nada más que depositar ni nada más que esperar. Te invito en el Éter de Verdad, en el Éter de Vida.

Yo no te invito solamente a escucharme, no te invito solamente a reconocerme sino te invito a descansar, en el Silencio y la Plenitud de tu corazón elevado, tú que estás ahí, tú que lees y tú que escuchas lo que tú eres, que yo solo hago resonar, ahí donde ningún obstáculo puede interponerse y donde nada puede llegar más que la expresión o el Silencio del Amor en todo mundo.

Yo vengo a invitarte al Llamado de María. Vengo a llamarte a tu Paz, vengo a llamarte a tu Verdad. Escucha en lo más profundo de tu corazón el ritmo del Amor que la Luz misma manifiesta dentro de ti. Te invito a recibirte a ti mismo en esos espacios sin fin y sin límites de la expresión de la conciencia; te invito a reconocerte en cada vida, en cada acto, en cada posición, en cada dimensión.

Yo vengo a coronar tu obra que te ha conducido a encontrarte, que te ha conducido a vivirte, sin temer nada del instante presente y de la espontaneidad de aquel que sabe, porque lo vive y no porque lo cree, la belleza del Amor a la belleza de la Gracia.

Yo te invito ardientemente, como una súplica, a dejar ser lo que es, a dejar vivir lo que vive. Te invito a escucharte, no en los gritos de lo que muere sino en la Alegría y el júbilo de lo que no muere nunca. Te invito, dentro de esta forma, a dejar atrás y a trascender toda forma, en cualquier expresión que sea.

Yo te invito al último Renacimiento, el que no conoce otros. Te invito a la Vida eterna, a la que no conoce ni tiempo, ni peso, ni pesadez. Yo te invito a dejar cantar y obrar la Vida en tu mundo, el que ves y percibes por tus sentidos y el que vive en tu Esencia. Te invito finalmente a no seguir más ningún sentido. Te invito a permanecer en tu Morada de Eternidad.

Yo soy la Vida elevada que fluye en tu forma, todavía presente. Te invito a aligerarte de toda carga, de toda obligación, con el fin de ser responsable del Amor que llevas.

Escúchame, ya que es la mejor manera de escucharte. Acuérdate de tu herencia, de tu Presencia eterna, cualesquiera sean las densidades y pesos que vives todavía aquí y ahora. Atrévete a atravesar, atrévete a pasar, sin temor y sin apegos.

Yo te invito a la Esencia vivificada del que vive el Cristo y cuya Gracia es el reflejo de su permanencia, de su impermanencia y de su inmanencia. Te invito, por último, a los Atelieres de la Vida, si tal es tu lugar. Te invito también al Gran Todo donde ninguna forma puede aparecer. Te invito ahí donde todo es eterno.

Escúchame, tú que estás ahí y escuchas a La que viene a mostrarte tu verdadera filiación que es Espíritu, poniendo fin a las últimas cadenas de lo que puede quedar de creencias y de ilusiones. Te invito también a no mirar nada más que la mirada desnuda del Amor. Te invito sobre todo a no escuchar lo que te grita lo efímero, con el fin de bautizar esos gritos en la alegría del Amor.

Tú, que te lees y que me lees, tú que me sientes, tú que me buscas, tú que dudas, yo soy lo que te permitirá, y que ya te permite, vivir la certeza de lo que eres.

Yo te invito, si ya no se ha hecho, a colocarte ahí donde nada puede ser quitado, donde nada puede faltar, ahí donde no se hace ninguna pregunta porque el Amor colma todo, no dejando ningún lugar a otra cosa que el Amor.

Yo te invito, a cada minuto de tu tiempo, en cualquier circunstancia que sea, a verte y a verme, a reconocerte y a reconocerme, poniendo fin así a todo dolor, a todo lo que no es verdad. Te invito a no ver nada más que esta Belleza. Para eso mira la Esencia, más allá de todo parecer y de todo sufrimiento.

Yo te invito, finalmente a la Vida eterna, la que canta, aquí y en otro lugar, en toda manifestación. Te invito también a ser aquí mismo, ahí donde tú eres, lo que eres en Verdad. Te invito a dejar los hábitos de tristeza de tus pruebas en lo efímero y a lavarte, así desnudo, de todo rastro y de todo peso.

Yo vengo a prepararte al más bello de los encuentros, a la más bella de las verdades. Vengo a saciarte, a fin de que El que te dará de beber del Agua Viva no pueda de ninguna manera ser frenado o refrenado por algún elemento de tu efímero.

Yo te invito también a no rechazar nada de lo que la vida te propone en estos tiempos, a fin de hacer con eso los barrotes de tu escalera hacia el cielo, tu cielo. Te invito a reconocerte en el esplendor de la Luz. Te invito a reunirte al Gran Todo, si tal es tu lugar, habiendo abandonado todos los lugares y todas las manifestaciones de cualquier conciencia que sea.

Tú que escuchas y tú que me lees, ve más allá de las letras formadas y ve más allá de los sonidos que pronuncio ya que ellos solo son el soporte de la Vida pero no son la Vida. Mira más allá de lo que emana, ve más allá de la alegría de tu Presencia. Supérate a ti mismo superándome, con el fin de que puedas decir, cuando el momento haya llegado: “Padre, entrego mi Espíritu entre tus manos. Tú y yo somos Uno, yo lo reconozco y lo vivo. Nada más puede oponerse, dentro de lo efímero que he vivido, a la instalación de tu Hijo, porque yo soy también tu Hijo, porque yo y el Padre somos Uno, como Tú y el Padre son Uno”.

Yo te invito a tomar conciencia a fin de resultar conciencia. Te invito al último salto del Llamado de María. Te permito conservar tu casa limpia para el momento último de este mundo y de esta ilusión correspondiente al regreso de la Vida.

Tú que estás ahí, tú que escuchas y tú que lees, atraviesa eso. Toca el origen de toda vida y de toda forma, más allá de las Moradas del Padre, ahí donde está lo previo a toda vida y de lo cual nada puede ser dicho, ni en palabras, ni en vibraciones, pero donde todo puede ser recibido y revelado, ahí donde nada más es útil solo tu Corazón de Diamante.

Tú y yo, nosotros todos, portadores de la misma llama expresada en tantos mundos, en tantas creaciones y en tantas bellezas.

Yo no me dirijo solo a ti sino también a cada uno que se desvía, pero también a cada uno que no se ha despertado, pasando por ti que escuchas y oyes a fin de que el que duerme se despierte por fin, no por sujeción, ni por las palabras, ni por proyección sino más bien por la evidencia de ti mismo que dejas ver en cada mirada, en cada contacto, en cada palabra.

Yo no te pido nada, simplemente te lo digo, porque mi pedido cae desde el instante donde tú has captado la esencia de mis palabras. Más allá de todo principio, tú eres. Yo soy la Vía/voz directa del Espíritu del Sol en ti. Mi único deseo es que tu Renacimiento se haga en paz y en lucidez, tú, que lees las palabras que formo o que escuchas más allá de las palabras lo que palpita en ti cuando yo soy en ti y que tú eres en mí.

… Silencio….

En este instante, a cada soplo que entra y sale de ti, el soplo de lo Verdadero, el del Verbo viene a llamarte. Vengo a decirte que el juego se acaba y que cada uno es ganador, ya que no hay nunca perdedor en la Luz. Te ofrezco no jugar más y ser el que permite el juego de todo el mundo y en toda conciencia.

Tú, cuya bondad del Amor se revela a los que te ven, alrededor de ti como a lo largo de ti, te invito a la mirada del Fuego y al corazón de Fuego. Te invito a la inocencia del niño que recibe a su Madre después de una larga ausencia, tal como lo había creído. Yo invito a tu carne a volverse Luz, invito a tu carne a ser Transparente.

Todo mi llamado solo es un llamado a la Evidencia.

Te invito finalmente a ser completamente tú mismo, no en los juegos y roles que has tenido sino más bien a mostrarte digno Hijo Ardiente del Sol que vivifica toda vida, en toda mirada y en todo gesto como en toda palabra, haciendo de tus miradas y de tu vida en este fin de ciclo, un océano de beatitud y un néctar de inmortalidad, cuyos aromas superan ampliamente la sensibilidad del alma y la sensibilidad de tu cuerpo.

Desde el instante donde has depositado los pesos de tus conocimientos y los pesos de tus dudas, descubres la Abundancia. Así se vive el Amor, así se vive lo Verdadero, porque en este espacio que no es uno, y en este tiempo que no conoce ningún tiempo de este mundo, existe lo Verdadero y lo Pleno.

Ahora que los Arcángeles han abierto las Vías de Aquel que viene, yo Lo anuncio en ti como yo te anuncio a María. Entonces, te repito como él ha dicho hace dos mil años: “Vela y Reza”, no pidiendo sino agradeciendo, agradeciéndote tú mismo y agradeciendo a la Vida.

Yo te invito en el espacio donde no hay más ningún perdón que pronunciar porque todo es pronunciado y todo es resuelto. Te invito por fin a estar ahí, mucho más que en el Aquí y Ahora, porque tú eres mucho más vasto que tu propio cuerpo de Eternidad, porque eres mucho más vasto que todo juego de la Creación, porque tú no eres nada de lo que te sea pensable o imaginable. Todo eso solo son partes dispersas del juego de la conciencia y de la vida.

… Silencio….

Yo te invito a no retener nada.

… Silencio….

En el Silencio ahora, yo permanezco y resido ahí donde tú eres.

Yo te invito, ahora mismo, tú que lees y tú que escuchas, te invito a la autenticidad que solo puede venir de un corazón transparente y elevado. Te invito también a mirarte, a ver el Amor que emana de tus ojos como de los poros de la piel, ahí en el silencio, ahí, ahí ahora.

… Silencio….

Con el fin de que puedas decir a cada uno de tus hermanos y de tus hermanas, en la misma mirada de Amor, “Mi amigo, mi amado” y no decir otra cosa que el Canto del Amor y de la vida.

Tú y yo y cada uno, aquí y en otro lugar.

Yo te invito ahí.

… Silencio….

En el Fuego del Amor, en el Aire del intercambio, en el Agua del Femenino sagrado y en toda Tierra, ahí.

… Silencio….

Yo no tengo otra cosa que decirte, te corresponde a ti entender más allá de las palabras.

Hasta siempre, en la Eternidad del Amor. Recibe el Don de la Gracia. Así yo te saludo, así yo te recibo también.

… Silencio….

Tú que me lees y tú que me escuchas, he grabado en ti el Canto de la Eternidad, y en eso, yo te agradezco.

Hasta pronto.