lunes, 12 de octubre de 2015

LA ÚLTIMA RONDA DE LOS ARCÁNGELES ( IV de VII )



Octubre 2015

RAFAEL

Soy Rafael Arcángel, Arcángel de la Sanación. Amados del Uno, aceptad los saludos de mi corazón a vuestro corazón.

Soy aquél que operó, por decirlo así, tras de bambalinas para vuestra Liberación. Como Arcángel de la Sanación fomenté e impulsé en algunos casos la liberación de vuestra alma de las contingencias de la materia. Así pues, desde el interior de vuestro Ser, participé del vuelco y retorno del alma.

Ahora que la elección ha quedado clara, mi Presencia en el seno de la Ronda última de los Arcángeles tiende a iluminar la materia en esta Tierra, a alumbrar desde el interior el camino que recorréis y la vida que vivís.

Al igual que el conjunto de los Arcángeles en esta Ronda, mi Presencia va mucho más allá de las palabras que voy a pronunciar. Esta palabras serán entrecortadas por silencios durante los cuales, estaremos juntos, aquí como en otras partes… Estos silencios servirán para alumbrar desde el interior lo que pueda subsistir todavía en vosotros como apegos, crispaciones y zonas oscuras en el seno de la bajada de la Luz y de vuestra Ascensión en la Luz.

Soy el Arcángel que acompaña toda forma de liberación y que manifiesta en vosotros lo que necesita ser resaltado en la pantalla de la conciencia en el mismo seno de vuestro mundo, más precisamente en este período de manera quizás más visible.

Las contingencias de la materia no son solamente las líneas de depredación o el encierro experimentado por este sistema solar sino más bien la revelación y puesta en luz de lo que obstaculiza vuestra Libertad, de lo que obstaculiza la plena conciencia, aquélla que – justamente – se encuentra liberada de las trabas, de las resistencias, que pueden todavía frenar el establecimiento de vuestra conciencia en el estado de Gracia, previamente a la estasis.

Cada uno de vosotros está, por supuesto, invitado a solicitar mi Presencia, mi radiación y mi Luz. En forma especial durante este período, soy aquél que ilumina, en lo posible, vuestro propio Tránsito hacia la Eternidad.

Muchos entre vosotros habéis resucitado en la llama del Espíritu Eterno de Cristo o estáis encaminados hacia aquel Reencuentro. El sentido de mi Presencia es depurar en vosotros – mediante vuestra Luz y mi Presencia – lo que requiere ser señalado. Esto tiene que ver – en especial estos días – con lo que puede subsistir en vosotros como creencias y resistencias ante la evidencia de la Luz.

Soy pues un caminante silencioso deseoso de acompañaros y no de caminar vuestros pasos, deseoso de asistiros en lo que tenga que ser develado en vosotros, deseoso de llamar vuestra atención y conciencia en lo que resiste, no para contrarrestarlo sino para alumbrarlo y así disolverlo, no mediante un esfuerzo sino mediante vuestra capacidad para trascender el sentido de toda identidad en este mundo, de toda función, de todo rol y también de toda quimera ligada a la prolongación de este mundo en su estado actual.

Muchos entre vosotros habéis sido durante estos años Ancladores de la Luz, Sembradores de Luz. Vuestro rol en este período se limita sobre todo a permanecer presentes ante vosotros mismos y lúcidos ante vuestra Eternidad. Así es como lo efímero desaparece o desaparecerá en su totalidad de vuestro campo de conciencia. Mi propósito es facilitar la Llamada de María a nivel colectivo como a nivel individual.

Soy aquél también que os ayuda en la finalidad de vuestro cara a cara para aclarar lo que os parezca incomprensible porque no es experimentado todavía y también sobre lo que pueda pareceros aterrador o violento, pese a la calidad de vuestro Amor manifestado en forma impersonal en este mundo.

Soy aquél también que reunifica el conjunto de los tránsitos y el conjunto de las corrientes vibratorias que os han cruzado parcial o totalmente durante todos estos años de vuestro tiempo terrestre.

Soy aquél también que acompaña – mediante mi simple Presencia en vosotros – vuestros momentos de desaparición y de reaparición en relación con este mundo. Mi sola Presencia es pues un bálsamo. Ahí está el significado de la palabra “sanación”. No veáis en este proceso tan sólo la sanación de la materia sino ante todo la sanación de la ilusión de la materia, de la ilusión del encierro, de la ilusión del sufrimiento, de la ilusión de todo lo que no sea duradero.

Soy pues la Eternidad en acción en el seno de vuestro efímero, sean cuales sean las circunstancias por venir, sean cuales sean las situaciones y relaciones. Iluminando lo que así lo requiera, permito que vuestra llama eterna logre manifestarse con total libertad en relación con las leyes de este mundo. Este proceso aclaratorio está operando en cada uno de vosotros desde hace algunos meses. Viene a completar todo cuanto habéis experimentado quizás, todo cuanto habéis rechazado tal vez, con un enfoque nuevo: aquel de la Libertad, aquel de la Autonomía, aquel de la Humildad.

Así es y desde ya podéis comprobar que sólo puede haber el uno o el otro, es decir ya sea lo efímero, ya sea lo Eterno. Y eso se irá repitiendo más y más a menudo sean cuales sean las circunstancias de los pasos que deis en este mundo, sean cuales sean las relaciones, las suposiciones, las ideas, a fin de mostraros y demostraros la insignificancia de lo efímero, la insignificancia de la vida privada de su libertad, privada de su posible acceso a los estados multidimensionales.

Este enfoque, que es también vuestro – pues presente estoy en vosotros como el conjunto de los Arcángeles – sólo puede funcionar si aceptáis rendiros a nivel de la persona, rendiros a nivel de la necesidad de apropiación, de comprensión, de captación de lo que sea en este mundo.

Soy pues aquél que impulsa e impulsó, por simple Presencia, la posibilidad que tiene el alma de volverse, de experimentar en el seno de la materia como también en el del Espíritu. Me encuentro pues a medio camino en vuestra estructura, entre las Puertas que llamáis Visión y Al. Apunto pues a lo que separa y lo que unifica, ilustrado en vuestro cuerpo con el diafragma, que separa, como bien sabéis, el nivel aérico del nivel digestivo.

Vengo, pues, a retornaros – a través de vuestra lucidez – al Soplo original, aquél llamado Verbo Creador, en resonancia con la co-creación consciente. Vengo también a demostraros – a través de vuestra lucidez – que las distinciones establecidas de manera artificial en este mundo entre las edades, entre los sexos, entre las identidades y entre las funciones, sean cuales sean, no son sino temporales y que no conviene rechazarlas ni apartarse de ellas sino más bien atravesarlas con plena lucidez.

Así es como fomento en vosotros la claridad y la precisión acerca de lo que ocurre actualmente y que os conduce a veces a vivir nuevamente ciertos traumas pasados, pese a ser evacuados en parte de vuestra conciencia limitada y que permanecieron sin embargo incrustados en el alma ya sea revertida o en curso de reversión y no disuelta.

Así, en este lugar y en todas partes en La Tierra, en este día y en este instante, abro en vosotros las compuertas de la comprensión sin límites del Supramental, que no requiere más del análisis lógico ni de la compresión intelectual sino que opera directamente a través de la intuición y la visión del corazón, lo que os remite a la libertad de la Corona radiante de la cabeza y a la visión -hasta ahora alteradas por las fuerzas luciferinas-.

Soy también aquél que os permite – mediante mi Presencia y vuestra lucidez – ver con vuestros ojos carnales, percibir – a través de vuestro cuerpo físico como a través de todas vuestras estructuras sutiles y efímeras – lo que os rodea en este mundo. Esto abarca obviamente tanto los pueblos de la naturaleza -como elementos más sutiles- como -de manera más abrupta- las vicisitudes de este mundo, las mentiras de este mundo y los engaños de este mundo, en cualquier lugar que estén en vuestra escala de valores.

Restablezco, pues, la justicia y la equidad, tanto en vuestros comportamientos como en las acciones llevadas a cabo en la sombra y que han conducido a la humanidad a experimentar hoy en día el Choque de su Liberación.

No vengo a dar sermones, ni a juzgar, ni a condenar, pues eso no es de mi incumbencia. Vengo simplemente – y les reitero – a iluminar sobre lo que lo requiere. Así pues, de haber en vuestras vidas, aquí mismo en este mundo, elementos perturbadores, sean cuales sean y de cualquier naturaleza que sean, me corresponde iluminar y facilitar el tránsito vuestro a través de esas zonas oscuras.

Así pues, hoy más que nunca la función del Arcángel de la Sanación se activa dentro vuestro pero en una octava superior, en otra dimensión que la simple curación del cuerpo físico o de los cuerpos sutiles efímeros. Dicho de otra forma, vengo a sanar el alma sufriente en sus creencias, en sus hábitos, en lo que ella considera ser su karma. Soy pues, la manifestación del estado de Gracia y por ende, de la sanación última.

Os llevo pues, a ver no las causas y tampoco los efectos sino – mediante vuestra lucidez – la realidad del Amor y del Verbo Creador en todas las circunstancias de vuestra vida. Eso se traduce ya o se traducirá en muchos de vosotros por una disminución o una desaparición de los pensamientos reiterativos, de los dolores reiterativos, de todo cuanto os parece nunca ceder o terminar.

Tened presente que no actúo en contra de lo que sea o de cualquier sufrimiento que sea sino que brillo con más fuerza para que veáis con más precisión lo que no fluye todavía, lo que no se ha hecho liviano todavía dentro de las estructuras efímeras. Perfecciono, por decirlo así, vuestras estructuras físicas, energéticas y vibrales hasta ajustarlas y sintonizarlas con la frecuencia Marial y la Llamada de María.

Así juntos, aquí como en otras partes, en unión con el Sol donde me encuentro, en unión con el Sol Central de la galaxia con quien estoy en resonancia, deposito en vosotros la lucidez de la Luz, la lucidez de la Eternidad, la lucidez del Amor y por ende, de la sanación. Sanación ya no parcial sino total – si vuestra vibración así lo permite – de la ilusión de este mundo y también más directamente de este mismo mundo y de vuestra sensación – si la tenéis todavía – de ser parte de una historia limitada en el seno de este mundo.

No corto como lo hacen Cristo o Mikaël. Aporto el bálsamo de la lucidez del Amor donde sea necesario, en vosotros como en toda interacción existente entre vuestra propia ilusión y la ilusión de este mundo.

Muchos años atrás os fueron comunicados tanto mi sello como ciertos elementos posturales y verbales transmitidos por el yoga de la Unidad y de la Verdad. Hoy en día aquellas informaciones ya no sirven pues sois libres. Aunque no lo percibáis, aunque no lo experimentéis, vengo a aportaros el bálsamo del Amor, el bálsamo de la sanación y por último, el bálsamo de la trascendencia.

Al igual que con cualquier otro Arcángel, ya no necesitáis acudir formalmente a rituales, protocolos ni palabras. Sólo necesitáis instalaros en el corazón y dejar operar – a través de vuestro Abandono en la Luz – la Luz en vosotros. Para ello no es necesario dirigir vuestra atención hacia tales ideas, tales pensamientos, tales sufrimientos o tales resistencias sino simplemente aumentar la intensidad de la luz que vuestro propio corazón proyecta sobre dichas zonas oscuras. Eso puede funcionar solamente si acatáis uno de los preceptos más importantes de Cristo que consiste en dejar operar la Luz en vosotros con la certeza de estar en este mundo sin ser de este mundo, aunque vuestras estructuras efímeras sean parte integrante de este mundo obviamente.

Este enfoque, nuevo para algunos, puede efectivamente traducirse por la sensación de un recrudecimiento o de una recaída de ciertos elementos pertenecientes a la persona. Nada más erróneo pues el conjunto de vuestras manifestaciones resulta, al final, de un enfoque nuevo procedente de vuestra Eternidad y de la Eternidad de la Luz, que viene a actuar sobre lo que lo necesita, en cualquier nivel que sea.

Dejaos llevar pues, por lo que suceda en vuestras vidas practicando la pequeñez de la humildad y la simplicidad. Sed real y concretamente como un niño porque nadie puede entrar al Reino de los Cielos si no se ha vuelto previamente un niño, virgen de toda historia, virgen de todo sufrimiento, virgen de todo apego o de toda creencia en cualquier ilusión o en cualquier historia que sea, vivida en la superficie de este mundo, sea la vuestra o cualquier otra.

Los tiempos, ya lo sabéis, se han cumplido. El plazo indicado por el más venerable Lipika kármico llamado Orionis os ha sido comunicado hace pocas semanas. Habéis podido constatar durante este período vuestra facultad cada vez mayor para experimentar momentos de armonía en la naturaleza como en vuestro interior y a nivel de ciertas relaciones.

El enfoque propuesto por mi Presencia y vuestra lucidez han llevado a algunos a efectuar reajustes en su propia conciencia como en su entorno. De ahora en adelante vais a cosechar más y más frutos a nivel de la Libertad, a nivel de vuestra Autonomía y de vuestra Liberación futura, de no ser ella recuperada todavía a nivel individual.

Vengo pues, a depositar en vosotros aquella lucidez que da al alma – no disuelta todavía – liviandad en su vuelo hacia el Espíritu. Esto se produce en el Silencio y en la intimidad de vuestra Presencia. Ahí está la verdadera sanación, la sanación de las creencias, la sanación de los miedos, la sanación de las carencias, la sanación del miedo a lo desconocido. Recordad que todo eso aparecerá espontáneamente, sin dificultad alguna, en cuanto sintáis la zona de vuestro pecho – no sólo el Corazón Ascensional, no sólo la Corona radiante del corazón, no sólo la Nueva Eucaristía, no sólo la estructura peculiar del átomo germen del corazón – sino la totalidad de vuestro pecho como ardiendo bajo el efecto del Fuego de la Verdad. Y ha de ser eso lo que ha de denotar en vosotros la carencia de Luz, como en el seno de toda relación y de toda interacción, llevándoos a experimentar el gozo simple del niño, maravillado con lo que ocurre en vosotros como en vuestra vida.

Soy también el consolador. Más allá del enfoque luminoso, más allá de la comprensión del alma, soy aquél que viene a consolar lo que puede ser vivido como pérdidas actuales o pérdidas pasadas o también pérdidas futuras pues la pérdida sólo tiene que ver con este mundo. Del otro lado del velo, liberados de las contingencias de la materia, vais a descubrir la liviandad del ser, la risa de la vida y el gozo de la liviandad, así como el gozo de ser real e integralmente lo que sois en verdad. Así, en el seno del espacio de Silencio que abrimos ahora, deposito la activación de la frecuencia de la sanación.

… Silencio…

Esforzaos también por tener presente que esta forma de lucidez nueva, para algunos, nada tiene que ver con justificaciones, nada tiene que ver con explicaciones, nada tiene que ver con causalidades sean cuales sean sino que es la acción del Amor por el Amor y en el Amor.

… Silencio…

En este Silencio que practicamos se encuentra la totalidad de la Verdad pues es en el Silencio donde se crea el Verbo. Al estar en el origen de esta creación como de toda creación, el Silencio permite también acabar con todo lo que está limitado en vuestros funcionamientos, en vuestras relaciones, en vuestros afectos y en todo cuanto llamáis causalidad o karma.

… Silencio…

Mis palabras como mis silencios hoy van dirigidos exclusivamente a vuestro corazón, a vuestra alma o a vuestro Espíritu. Tened presente que la Luz nunca irá en contra de la libertad de creeros condicionados o sometidos al libre albedrío. La Libertad de la Luz nada tiene que ver con la elección, nada tiene que ver con lo que llamáis libre albedrío pues el libre albedrío implica la elección, implica la decisión e implica pues, la posibilidad inherente a aquella noción de elección que es la equivocación y el error. La verdadera Libertad es la sanación, aquella que sabe lo que ella es y que no requiere suposición alguna ni proyección tampoco y menos aún explicaciones pues la Luz se nutre consigo misma y por sí misma. La Luz es, en el seno de lo que sois, perpetua e infinita.

… Silencio…

La Ascensión colectiva de La Tierra y por ende su sanación final ha comenzado de manera formal, indeleble y cada vez más visible. Obvio es que el proceso no será vivido individualmente de la misma manera sino que variará según vuestro grado de libertad, según vuestra capacidad para soltar lo que os importa todavía. Al corazón sólo le basta el corazón. Él desconoce las historias, desconoce los sufrimientos, desconoce las resistencias cualesquiera que sean.

La evidencia de lo que acabo de decir debe ser experimentada por vosotros mismos más allá incluso de la evidencia o de la incomprensión. En otras palabras, dejad que el corazón sea lo que es, pues eso es lo que sois, el resto sólo pasa y pasará cada vez más rápido.

Lo que ha sido llamado los Cuatro Vivientes o los Cuatro Jinetes del Apocalipsis se encuentran ahora soltados de manera total, a partir del día de hoy, en la superficie de La Tierra y en las profundidades de vuestro corazón. Tened presente también que eso no requiere de vuestra parte nada más que la Presencia en vosotros mismos para ser lo más útiles posible, no para vosotros mismos sino para el conjunto de la humanidad.

Recordad también que es en aquel nivel donde ha de encontrarse la única respuesta posible a todo cuanto acontezca pues no existe otra salida, como se lo hemos reiterado hace poco.

Tened presente que ningún sufrimiento, ninguna resistencia, ningún conflicto, ya sea personal o colectivo, puede durar porque en su esencia es, en este mundo, efímero y obedece a ciclos, tanto astronómicos como temporales, ligados a la evolución en el mundo donde estáis.

El corazón se basta a sí mismo y la lucidez nueva es aquélla, concientizada y actualizada, que sólo el corazón puede ofreceros. Ninguna acción hasta ahora eficiente podrá en adelante proceder de lo antiguo, que obedecía a las leyes de acción y reacción. Eso es lo que conviene identificar cuanto antes dentro vuestro y de manera cada vez más colectiva dentro de ciertos grupos, ya sean familiares, ya sean raciales, ya sean espirituales o circunstanciales con relación a alguna actividad, sea cual sea.

La única Libertad real consiste pues, en reconocer vuestro corazón como el origen y la fuente de todo lo que acontezca en el escenario del teatro de este mundo, sin excepción alguna. En otras palabras, cual sea el punto de vista personal de cada cual, los acontecimientos colectivos que asoman en el horizonte de este planeta no son sino el reflejo de lo que ocurre en vosotros. Que las circunstancias os parezcan placenteras o terribles, eso no cambia en nada la verdad de esta aseveración.

Deposito pues, en vosotros, por segunda vez, el Soplo del Espíritu de Verdad, que da lucidez al corazón y en cierto modo lucidez a la persona en relación con la verdad del propio corazón, lo que permite medir cuán lejos o cuán cerca estáis de la Libertad.

Recordad también que, cuales sean las circunstancias que os corresponda vivir en vuestra pantalla interior o en la pantalla de este mundo, tales imágenes sólo pasan sin alterar en nada la realidad y la verdad de vuestra Libertad y de vuestra Eternidad.

Estaréis de todas formas, en el seno de este mundo, colectiva e individualmente, sumidos en el silencio y el asombro ante la belleza y la majestad de lo que acontezca en la Luz, pero también, al contrario, en el espanto por lo que ocurra en la materia. Y es en estas circunstancias presentes y actuales donde se encuentra la mayor capacidad para ser lúcido, verdadero y sanado. Para lograrlo es necesario permanecer atento y en oración. Estar atento no con relación al bien o al mal, tampoco con relación a lo perjudicial o provechoso, sino únicamente en relación con el corazón pues todo lo demás ha de desaparecer, sin excepción alguna. Entonces sabréis, incluso antes de la aparición de la última Trompeta, que estáis preparados.

La Libertad no es un concepto, sobre todo en este mundo. La Libertad es la condición sine qua non de la conciencia. Esto es lo que va a verse, de no verse ya. Esto es lo que va a vivirse, de no vivirse ya. La desaparición del exterior, la desaparición del entorno, así como la desaparición de todas las conciencias sutiles, tanto las de la naturaleza como nuestras Presencias como Arcángeles o también como Ancianos o Estrellas, que estarán en silencio en su momento, os permitirá – antes de la Llamada de María – vivir directamente la Autonomía completa. Que eso suceda en forma de vivencias o durante el sueño o de un modo imprevisto e inesperado, eso ha de prepararos para el cara a cara final.

No olvideis en aquel momento mi Presencia y mi radiación, sin solicitar nada más que ver la Verdad para ser la Verdad.

Eso implica también cierto número de manifestaciones como los mecanismos de adormecimiento o de dolores periféricos en los miembros, dirigidos a apagar la conciencia limitada.

Así pues, lo que acontece en la pantalla mundial como lo que acontece en vuestra pantalla interna no tiene consistencia ni peso alguno en relación con la presencia del corazón. Es aquella lucidez la que va a actualizarse en su totalidad, de no existir ya.

Así, con vuestro permiso, establezco nuevamente este Silencio, aquí y en otras partes, en unión con el Espíritu del Sol y con la acción de las radiaciones solares del día de hoy.

… Silencio…

Reitero la invitación de la sesión anterior con el ángel Uriel para que prestéis atención y escuchéis el Silencio en el que se despliega la verdad del corazón.

… Silencio…

Soy Rafael, Arcángel de la Sanación.

… Silencio…

Soy aquél que acaricia vuestra alma por primera vez.

En el Fuego del Amor y de la Verdad, bendigo la Vida que sois, bendigo la Verdad de quienes sois.

… Silencio…

Soy Rafael.

Soy, en vuestro interior, la sanación de lo efímero cuya desaparición ha de coincidir con la Llamada de María. Os saludo por última vez.

… Silencio…

Hasta luego.